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viernes, 20 de octubre de 2017

No hay un “yo” llamado Walter J. Velásquez


Hace poco un lector de este Blog quedó confundido cuando, en el artículo Los cuatro “errores” que bloquean el Despertar, afirmé: “No soy nadie, no hay un “yo” que habla estas cosas”. El lector pregunta: “Si no hay un "yo" que habla estas cosas como dices, ¿Qué es lo que hay?

¿Qué es el yo?
El “yo”, o ego, es el apego más grande al que se aferra la humanidad. La gente lucha entre sí por demostrar que su “yo” es mejor que los otros “yo”. El nacionalismo, la violencia religiosa o la división de la política surgen cuando el “yo” se identifica a sí mismo con una ideología, nacionalidad o creencia. Es decir, el concepto del “yo” es la raíz misma de la violencia.

Incluso las personas que transitan la senda espiritual suelen estar muy apegados al concepto del “yo”. Muchos esperan ir al cielo al morir o trascender a otros planos superiores, siempre y cuando, puedan preservar una versión mejorada de su “yo”. Ellos quieren un “yo” libre de los apegos mundanos, pero el problema es que el “yo” en sí mismo es el principal apego.

Ahora examinemos si realmente existe el “yo” o la personalidad. Esta última palabra tiene origen griego y significa mascara. La personalidad es un constructo de la mente conformado por elementos del carácter que se han ido formando por medio de las experiencias previas. Es decir, que el “yo” es la suma de recuerdos de experiencias pasadas. Lo que hace la mente es unir todos estos recuerdos para crear una historia personal a la que llamamos “yo”. Esta historia nunca es objetiva, siempre reúne los elementos que la mente quiere proyectar. Así que existen “yoes” exitosos, “yoes” victimas, “yoes” seductores, etc.

La Consciencia
Más allá del “yo” y de la mente existe la Consciencia. Mientras el “yo” califica cada experiencia en la dualidad de bueno y malo, la Consciencia es no-dual, por lo tanto no emite juicios acerca de las experiencias. Mientras el “yo” se imagina separado del resto, la Consciencia sólo percibe Unidad. Trascendemos al nivel de la Consciencia cuando empezamos a observar al “yo” desde la perspectiva de un observador externo que no juzga ni califica.

Entonces si no hay un “yo”, ¿Qué es lo que hay? Lo que existe es un organismo que forma parte de un Campo más grande que es el Universo. Aunque el organismo parece estar separado del Universo por la frontera llamada piel, en realidad está interconectado él ya que respira, come, suda y defeca absorbiendo elementos del Universo y regresándolos a este en un proceso constante de retroalimentación.

La parábola de la ola y el océano ilustra muy bien el concepto del “yo”. El océano es una metáfora del Todo (el Universo). Las olas representan los organismos humanos. Cuando la ola emerge a la superficie cree que está separada del océano. Empieza a fijarse en otras olas y se compara con ellas viéndose o más chica o más grande. Cuando la ola se sumerge de nuevo en el océano pierde la noción del “yo” y se ve a sí misma como el océano.



Es importante aclarar que no estoy apelando a renunciar a nuestra identidad ya que sin ella no es posible funcionar en el mundo moderno. Podemos dejar que este “yo” funcione, lo más importante es observarlo constantemente. Cada vez que es observado este pierde espacio, el cual es llenado por la Consciencia. Podemos seguir funcionando en el mundo sabiendo que no hay un “yo” o un hacedor detrás. No hay un “yo” que respira, solamente existe el proceso de respirar. No hay un “yo” que piensa o siente, sólo existe el proceso de pensar o sentir. No hay un “yo” que camina, solamente existe el caminar. No hay un “yo” que sufre, solamente existe el sufrimiento.

En conclusión podemos decir lo siguiente:
  • Existen organismos humanos que forman parte de un Campo más grande llamado Universo.
  • Existe una Consciencia Universal no-dual que abarca todos los organismos y objetos del Universo.
  • El organismo humano posee una mente, la cual crea la ilusión del “yo”.
  • El “yo” se basa en la mentira de estar separado del todo, dicha separación es la raíz de la violencia.
  • Se puede trascender el “yo” cuando este es observado desde la Consciencia.
  • Para que la observación sea correcta no pueden haber juicios acerca de las actividades del “yo”.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Canto a la Vida


Muchas religiones profesan de manera inconsciente un odio implícito a la vida. Ellos han puesto un cielo en el “más allá” como un ideal fantasioso, descuidando su existencia en el “más acá” de manera absurda.

Estas personas desprecian el cuerpo y lo someten a toda clase de privaciones y ayunos. Desprecian el sexo porque el sexo es vida, desprecian el mundo y por ello sueñan con proyecciones astrales, todo lo que sea, con tal de escapar de este mundo que les resulta insoportable.

Odian el mundo, son incapaces de vivir en el Ahora y su mente siempre está ansiosa por escapar a un futuro mejor. Ellos se desensibilizan, se anestesian con sus canticos y rituales muertos, para evitar entrar en contacto con sus emociones. No quieren sentir el dolor emocional, por ello entran en conflicto con él y lo reprimen, sin saber que lo único que logran es alimentarlo y hacerlo más fuerte.

Sus religiones son una evasión diaria al momento presente. Viven atados al pasado o al futuro por medio de una doctrina muerta que desprecia el Aquí y Ahora. Desconfían de su propio Ser, por ello son adictos a los “libros sagrados” y a los gurúes y pastores que se erigen a sí mismos como una autoridad terrenal.

Es en el presente donde confluye el Universo. Aquí y Ahora se te está dando todo. Tu cuerpo mismo está hecho de polvo de estrellas, eres uno con el Todo, eres el Cosmos. Pero ellos no pueden verlo, están ciegos en su afán de escapar de la realidad.

Sólo en la medida en que aprendemos a vivir Aquí y Ahora, recibiendo lo que llega y soltando lo que se va, podemos fluir en el Río de la Vida. Para hacer esto no necesitamos libros ni doctrinas. No hay nada que aprender y nada a lo que debamos adherirnos. En realidad se trata de soltar y de hacer cosas tan sencillas como advertir nuestra respiración, darnos cuenta de nuestro caminar, observar los pensamientos y sentir las emociones que surgen como nubes flotantes y que se disuelven ante el fuego de la Consciencia. Hacer estas cosas es volver a la vida, celebrar la vida, Ser la vida. Todo lo demás: el filosofar sobre la vida, seguir a otros o despreciar el momento presente, es la muerte.

Vivir en el momento presente, al principio puede ser una experiencia angustiante, pero al poco tiempo nos daremos cuenta de cómo el dolor se disuelve y empezamos a experimentar un fluir constante y una confianza total en que este momento siempre es perfecto Aquí y Ahora, porque este momento –sin importar cómo se presente- trae la experiencia exacta que necesitamos para Despertar a la Vida.


viernes, 1 de abril de 2016

La negatividad del pensamiento positivo

Por Jeff Foster
“El incesante optimismo acerca del futuro sólo genera un mayor shock cuando las cosas salen mal; a través de luchar por mantener sólo creencias positivas acerca del futuro, el pensador positivo está menos preparado, y suele angustiarse más cuando aquello que sucede no puede convencerlo de que se trata de algo bueno."
- Oliver Burkeman
Es hora de que la humanidad despierte del trance de lo positivo-negativo. El pensamiento positivo es sólo la versión psicológica de la cirugía plástica del cuerpo. A largo plazo simplemente no funciona, y sólo crea más sufrimiento. 
El pensamiento positivo es realmente un pensamiento completamente obsesionado con la negatividad, enfocado en la negatividad, en guerra con la negatividad… lo que resulta bastante negativo, si lo pensamos bien.
El pensamiento positivo es la mejor manera de distraernos y desconectarnos de nosotros mismos, de los defectos, de las imperfecciones, de las peculiaridades, de las singularidades que percibimos en nosotros, y de los oscuros rincones que intentamos ocultar con tanto esfuerzo. Luchamos por esconder los aspectos ‘malos’ de nuestra experiencia sin convivir realmente con ellos, sin enfrentarlos, sin abrazarlos, sin sanarlos, sin amarlos. Dejamos de ver la belleza, y tal vez incluso el increíble potencial que contiene lo 'negativo’. Rechazamos una mitad de la vida, y no es de extrañar que nos sintamos incompletos.
Lo 'negativo’ es sólo un aspecto de nosotros mismos buscando desesperadamente amor, no rechazo ni más sofocación. Podríamos sentirnos mejor momentáneamente a través de distraernos de lo 'negativo’, pero en realidad, no hay ninguna fuente externa de felicidad.
Todo gira en torno a un malentendido primordial. La división positivo/negativo es tan sólo una creación de la mente dual. El pensamiento divide la luz de la oscuridad, la vida de la muerte, el bien del mal, lo santo de lo profano, y después hace el intento de sanar esas heridas auto-impuestas a través de más división, más guerra, más actividad dual. Pero no importa a qué tanta cirugía plástica mental o física te sometas, seguirás sintiéndote incompleto y lejos de Casa. La guerra no puede terminar con la guerra. La oscuridad no puede terminar con la oscuridad. La luz es el único poder.
¿Qué pasaría si tú no fueras la mente? ¿Qué pasaría si el pensamiento no pudiera definirte? ¿Qué pasaría si ambos aspectos de la vida, lo positivo y lo negativo fueran admitidos en la inmensidad que eres, como nubes en el cielo, como olas en el océano? ¿Qué pasaría si ninguna cantidad de cirugía plástica, si ningún 'cuerpo perfecto’, si ninguna 'mente perfecta’, pudiera conducirte hacia tu verdadera naturaleza, la cual está brillando en medio de toda la aparente imperfección, iluminando de igual manera tanto lo bueno como lo malo?
El pensamiento positivo no sana realmente en el sentido más profundo de la palabra, el pensamiento positivo crea el pensamiento negativo, y después, se opone a él. De esto puedes estar positivamente seguro.


martes, 29 de marzo de 2016

Consciencia del cuerpo I

Una explicación acerca de cómo hemos perdido en contacto con la realidad y por qué es importante recuperarla.



sábado, 24 de octubre de 2015

¿Debo ser consciente las 24 horas del día?

Interlocutor: me resulta imposible ser consciente constantemente.
Krishnamurti: ¡no lo sea constantemente!, solo sea de a poco. Por favor, no existe un ser consciente constantemente, ¡es una idea espantosa! Este terrible deseo de continuidad es una pesadilla. Sea consciente solo por un minuto, por un segundo; y en ese segundo de consciencia puede ver la totalidad del universo. Ello no es una frase poética, podemos ver las cosas en un destello, en un instante único; pero cuando hemos visto algo queremos capturarlo, retenerlo, darle continuidad; ello no es ser consciente en absoluto. Pero cuando dice: “debo ser consciente constantemente” lo ha convertido en un problema; entonces en realidad debe descubrir por qué quiere ser así. Vea la avidez que implica el deseo de obtener; y al decir: “bueno, soy consciente constantemente” no significa nada.

Krishnamurti, Las Obras Completas, Volumen XIII, página 184, La Conciencia que no Elige

viernes, 11 de septiembre de 2015

Todo se resume en Amar



Toda la cuestión de la Consciencia, la iluminación, o como quieras llamarlo se reduce a dos cosas: 
(1) Sufres porque estás fragmentado. Estás fragmentado porque a lo largo de la vida has aprendido a rechazar partes de ti mismo, aspectos de tu personalidad. 
(2) La cura al sufrimiento se reduce a una sola palabra Amor. Cuando aprendes a Amar cada emoción tuya (depresión, ansiedad, rencor, etc.) entonces tú y la emoción se hacen Uno. De esta forma, la parte rechazada revela toda su belleza y te otorga la inmensa vitalidad y poder que estaban atrapados en ella. 
Todo se resume en Amar todo lo que llegue a tu vida, ya sea en la Zona interior, la Zona exterior o la Zona intermedia.

viernes, 21 de agosto de 2015

Indra y los cochinitos

El siguiente texto ha sido tomado del capítulo VI del libro "Ser Consciente de lo inconsciente"


La mitología hindú es muy rica en símbolos y metáforas. Una historia cuenta que Indra, el dios del trueno, bajó a la Tierra encarnado en la forma de un cochino. Él debía cumplir una misión con ese cuerpo para luego regresar a su forma original y volver al cielo. Pero después de llevar por cierto tiempo la vida de un cochino, olvidó que era un dios y tenía una misión que cumplir.

Indra se unió con una cerdita y se pasaban el día comiendo sobras y revolcándose en el lodo. Era una vida muy placentera para él. Después tuvieron una camada de cochinitos a los cuales amaba el dios con todas sus fuerzas. Pero el padre de los dioses necesitaba que Indra regresara al cielo a cumplir su función. Entonces bajó a la Tierra y habló con el cochino, pero este no quería escucharlo. Él amaba su vida de cochino, amaba a su cochina y a todos sus cochinitos. Así que le dijo al padre de los dioses que lo dejara en paz porque él había decidido quedarse para siempre en la Tierra.

Brahma, al ver esto, tomó una decisión drástica, hizo que uno a uno sus cerditos fueran muriendo hasta que finalmente murió la cerda también. Indra lloró de dolor largo tiempo pero finalmente, al ser despojado del objeto de su apego, escuchó a Brahma y recobrando su forma divina regresó al cielo a cumplir sus funciones como dios del trueno.

Esta historia nos muestra el inmenso poder que tiene la identificación. Cuando nos identificamos con la mente nos hacemos presa de sus recuerdos, creencias y programaciones. Cuando nos identificamos con el ego perdemos de vista nuestra verdadera identidad en Dios y quedamos atrapados en los múltiples juegos que tiene el ego para sobrevivir.

En cambio, cuando nos convertimos en el Observador de la mente y el ego, nos liberamos de la creencia de que somos el ser mortal y entramos en el campo de lo infinito, el campo de la Consciencia.

Otra cosa que podemos hacer es observar nuestro cuerpo, hacernos conscientes de sus movimientos y sus procesos. Sentir sus movimientos desde adentro como si fuéramos el observador de una película. Esto hace que nos desidentifiquemos con el cuerpo y nos reconozcamos como el vacío en el cual danzan los átomos que componen la materia del mismo. Observemos el cuerpo durante sus diferentes actividades, incluso cuando excretamos los desechos del mismo, esta es también una actividad sagrada.


Cuando vivimos identificados con los pensamientos quedamos presa del ego como le sucedió a Indra en su cuerpo de chanchito. La autoobservación nos lleva a recordar que somos mucho más que eso, nos libera de la prisión de los pensamientos.


 



miércoles, 29 de abril de 2015

Trascendiendo la ilusión del "yo"

Lo que eres no puede ser dañado, afectado o destruido. El dolor y el sufrimiento sólo deviene cuando crees que eres el “yo” (yo soy Pedro, Juan o María). Es el “yo”, construido con los recuerdos que has almacenado en la mente, el que teme a la muerte, a la separación o a la pobreza.

El Ser que eres está más allá del concepto del “yo”. Es eterno… infinito… y no puede ser tocado por palabra o situación alguna, por complicada que parezca. El Ser que eres está más allá del sufrimiento, del drama, del miedo a la pérdida o al engaño.

Respira… hazte consciente de una respiración… esa es una de las puertas que te conducen al conocimiento de la Consciencia.

Sólo el ego sufre y llora. Todos los “traumas de la infancia” residen en el ego. El Ser no conoce trauma alguno porque no se identifica con la mente y sus constantes dramas. El ego necesita del drama para sostener la ilusión de su existencia. El drama de “me han engañado”, “ya no me quiere”, “soy una víctima del sistema” surge del ego.

Respira… toma consciencia de lo que eres. Observa el drama que proyecta la mente como lo que es: una ilusión sin substancia ni realidad.

Respira… toma consciencia de lo que eres y el Ser fluirá en tu vida y hará todo lo demás.


A continuación los dejo con la lectura del Avaduth Gita en la voz de Mooji. Una lectura que sin duda, puede ayudarte a trascender la identificación con el ego y sus dramas, y reconocer tu verdadera esencia...

martes, 21 de abril de 2015

Las cuatro maneras para Despertar

Por Walter Velásquez


En una tarde de verano, el maestro estaba sentado tomando el té con un amigo suyo, cuando este le increpó con una pregunta:

-Maestro, cada día escucho a diferentes personas y cada una plantea un camino distinto para el Despertar. ¿Hay diferentes maneras de Despertar o existe sólo una?

-Querido amigo, en realidad existen cuatro maneras diferentes para Despertar.
-¿Cuáles son? ¿Podrías nombrarlas?

-Por supuesto! Las cuatro maneras son las siguientes: de pie, sentado, acostado y caminando. En cualquier posición que te encuentres, si te haces consciente de lo que ocurre en cualquiera de las tres zonas, en ese momento estarás despierto.

-¿Las tres zonas? ¿Cuáles son?

-La primera zona es el mundo exterior. Es lo que sucede a tu alrededor y te haces consciente de él por medio de los sentidos (vista, oído, tacto, gusto y olfato). La segunda es el mundo interior y entras en él cuando te das cuenta de las sensaciones corporales como las emociones, la respiración o el picor de un mosquito. La tercera es la zona de la fantasía, los pensamientos, y te haces consciente cuando los observas. Así que en conclusión, Despertar es estar en alguna de esas tres zonas –de manera Consciente- mientras permaneces en alguna de las cuatro posiciones en el Aquí y Ahora.

-Perdón maestro, todavía tengo otra pregunta. Lo que hablas es muy sabio, pero si hago lo que dices sólo estaré Despierto en este momento. Y… yo quiero saber cómo estar despierto todos los días de mi vida.


-Amigo, no necesitas estar consciente todos los días de tu vida. Este momento es lo único real Aquí y Ahora. Es todo lo que necesitas. A cada día le llegará su propio afán.

miércoles, 1 de abril de 2015

La trampa de la falsa aceptación

Desde que empecé a practicar la Consciencia, la aceptación total de las emociones, he notado que a veces el ego dirige la práctica para liberarse del dolor. El ego, la personalidad humana que es una proyección de la mente, no quiere sentir dolor emocional ni físico. Por eso siempre está buscando una distracción, un analgésico que le permita escapar de la ansiedad, de la depresión o de la ira. Él no quiere sentir nada de esto porque es desagradable. Pero mientras más se resiste a estas emociones, en vez de desaparecer, se enquistan cada vez más en la psique. Así que la solución no es evitarlas, sino entrar en ellas plenamente, tomar Consciencia plena de la emoción.

Pero aquí radica una gran trampa del ego, una que ha atrapado a muchos buscadores espirituales que han seguido la práctica de la Consciencia. La trampa es la siguiente: Tomar Consciencia de una emoción desagradable buscando que esta desaparezca. Uno de los elementos de la Consciencia es la aceptación. Pero si hacemos esto con el objetivo de que la tristeza o el duelo desaparezcan, entonces no hay aceptación, únicamente hay un rechazo disfrazado.

Así que lo que en verdad hay que hacer es aceptar plenamente la emoción, entrar en ella, sentirla, vivirla, experimentarla –no importa si esto resulta desagradable. Conviértete en un científico emocional: en vez de evadir la emoción entra en ella como haría un científico que entra a un tornado para verlo desde adentro. Permite que la emoción crezca mientras la observas, deja que se haga más y más intensa. Hazte uno con la emoción, sin perder nunca de vista que eres el observador. A pesar de que te haces uno con ella no dejas de ser el observador. Has esto sin ninguna expectativa, sin límite de tiempo, no busques hacer esto para que la ansiedad desaparezca, hazlo únicamente para entrar en la ansiedad Conscientemente. Entonces mira qué sucede, obsérvalo por ti mismo. No creas lo que yo digo, no conviertas esto en un dogma. Se científico y compruébalo. 

Y si la ansiedad o la ira vuelven una y otra vez es porque no has hecho bien el ejercicio, la aceptación nunca ha sido plena, únicamente ha habido una aceptación parcial. Si descubres que esto es así, entonces separa un tiempo especial donde estés sola o solo y permite que esa emoción florezca en ti. Si te cuesta hacerlo, imagina una situación en la cual ese miedo o tristeza aparecerían. Cuando empiece a aparecer la sensación, déjala que crezca, que se expanda, que florezca. Y hazte uno con ella, acéptala, vívela, obsérvala. Permítete quedarte con esa emoción. Cuando dejes de rechazarla, cuando cese el conflicto entre lo que sientes y lo que piensas que deberías sentir… entonces algo sucederá… un milagro se gestará en tu interior. Compruébalo tú mismo, no creas lo que otro te dice sin haber hecho tú mismo el experimento.

domingo, 22 de marzo de 2015

No lo llames amor, déjalo fluir

Casi todos los maestros espirituales, gurús, pastores y sacerdotes te dicen cosas como estas: “No seas iracundo”, “evita la lujuria”, “no te permitas sentir envidia”, “rechaza la gula”, etc. Ellos te dicen todo lo que no debes hacer pero nunca te enseñan cómo hacerlo. Entonces sus senderos se convierten en un proceso contante de represión. Reprimen la ira, la envidia, la lujuria y todo lo demás. Pero al reprimir esta energía no se destruye, ella simplemente se adentra en lo profundo del inconsciente y tarde o temprano regresará a la consciencia con más fuerza.

Aun cuando estos maestros te digan cosas como: “Se amoroso”, “se compasivo”, “busca la sabiduría”, etc., ellos en realidad te están conduciendo a un sendero ficticio. Si buscas ser amoroso, desarrollaras un amor, o una compasión o una sabiduría artificial. El verdadero amor no se construye ni se forma, simplemente se le permite fluir de adentro hacia afuera de manera natural. Es más, ni siquiera necesitas llamarlo amor, sólo lo dejas fluir y no sientes la necesidad de catalogarlo con un nombre. Los nombres corrompen porque son limitantes. Los nombres pueden encasillar algo tan inefable como el amor dentro de una categoría predeterminada por el cerebro.

En cambio la Consciencia es diferente. Cuando hay Consciencia plena de la ira, cuando la observas sin rechazarla, cuando la acoges y te haces uno con ella, cuando la aceptas plenamente; entonces la ira se transforma por si sola. Aquí no hay represión, aquí opera un proceso diferente: la transmutación. Cuando empiezas a practicar esto en la vida diaria, empiezan a emerger sentimientos que estaban ocultos en el Ser, que no habían podido surgir porque estaban atrapados en medio de las corazas del ego. Entonces la mente llamará a estos sentimientos paz, amor o sabiduría. Pero ellos no necesitan un nombre para ser porque ellos estaban antes de que los nombres fueran inventados.


lunes, 16 de marzo de 2015

Dionisio y Apolo


Apolo y Dionisio, ambos hijos de Zeus, representan el aspecto consciente (córtex pre-frontal) e inconsciente (sistema límbico) de la mente. Lo consciente e inconsciente no pertenece a la dualidad del bien y el mal, como muchos creen. Así como Apolo y Dionisio son ambos hijos de Zeus; la mente consciente e inconsciente son complementarias y trabajan juntas. Dionisio es el dios del vino, del sexo y la fiesta; Apolo es el dios del ritual, la lucidez y el orden. Si tratamos de suprimir lo uno para que prospere lo otro estaremos en claro desequilibrio, es como si en la naturaleza, quisiéramos eliminar la noche para que únicamente impere el día.

En la imagen vemos el sistema límbico, sede del
instinto (Dionisio) y el córtex pre-frontal (Apolo),
sede del auto-control.
Los moralistas de la religión y la política han querido que reprimamos nuestra parte dionisiaca, es decir, instintiva. Pero, como la energía no se destruye sino que únicamente se transforma, esta ha emergido en el mundo en forma de inmoralidad. La inmoralidad es la reacción a la moralidad. Ambas -moralidad e inmoralidad- son basura. Tanto la represión como el hecho de vivir únicamente para el placer atan nuestra mente a las cadenas del sufrimiento. Cuando hay Consciencia podemos conocer ambos lados de la balanza y experimentar su equilibrio. Así nace el Dionisio-Buda, el místico que se ilumina a través de la Consciencia plena en todo lo que hace –incluyendo el placer de los sentidos.

Así como Dionisio (el instinto) y Apolo (el orden) proceden del mismo padre, el inconsciente y la mente consciente funcionan como una unidad. Sin embargo, la religión ha hecho que nos fragmentemos haciendo que lo consciente y lo inconsciente se establezcan como compartimientos separados que viven en guerra el uno con el otro. Esta guerra y división interna sólo puede cesar cuando –libres de culpa y vergüenza- podemos observar nuestros pensamientos, emociones y actos de forma ecuánime y carente de juicio. Al hacer esto trascendemos el nivel de la dualidad y hacemos que los polos opuestos se integren en un Todo unificado.


sábado, 28 de febrero de 2015

Tres maneras de ver la vida

Por Walter Velásquez


Básicamente, hay tres formas de afrontar la vida:

La primera es vivir en la inconsciencia total, cargando con las heridas del pasado y el temor hacía el futuro. De esta manera creamos una experiencia llena de sufrimiento constante. En este punto pensamos que somos víctimas de las circunstancias y que lo que nos sucede es culpa de los otros. Renegamos y nos quejamos constantemente por nuestro destino.

La segunda es cuando nos damos cuenta de que hemos creado nuestro sufrimiento y empezamos a buscar estrategias para cambiarlo desde afuera. Estando en este nivel utilizamos rituales, amuletos, frases positivas, visualizaciones, mapas del tesoro y muchas cosas más. En este punto creemos saber qué es lo que necesitamos y pedimos al Universo cosas, basados en las limitadas expectativas de la mente.

La tercera forma de afrontar la existencia se da cuando nos entregamos por completo al fluir de la Vida, aceptando plenamente lo que llega. Esto no significa que nos conformemos con nuestro estado actual y decidamos quedarnos allí, al contrario, aquí opera un cambio radical y profundo que se da desde adentro hacia afuera cuando aceptamos plenamente cada aspecto de nuestra personalidad y nuestra vida. Ya no nos creemos víctimas del destino ni le decimos al Universo qué es lo que nos “debe” dar.

En este punto creemos firmemente que el Universo tiene un plan perfecto para nosotros. Así que en vez de luchar para que la vida se adapte a nuestras expectativas humanas, nos entregamos a la vida y empezamos a fluir “Libres de ataduras, como una bruma arrastrada por el aire  nos dejamos llevar hasta donde nos quiera dejar el viento.”[1]  Cuando las cosas aparecen las aceptamos y las dejamos venir, cuando las cosas desaparecen las soltamos y las dejamos ir[2].

Esta es la entrega total, ya no hay un proyecto personal, ahora nos entregamos con fe al ritmo del Tao. Esto fue lo que nos enseñó Jesús cuando, orando en el huerto de Getsemaní antes de la crucifixión, dijo: “Si quieres, aparta de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya”. A muchos les da miedo esta entrega porque creen que no se puede vivir la vida sin un plan y una meta. Pero cuando nos entregamos por completo al propósito de la Vida, todo fluye, todo llega y todo se va en el momento perfecto. Claro que debemos planear! Pero ya no nos atamos a que el desarrollo del plan se ajuste exactamente a nuestras expectativas. Entonces empezamos a experimentar una extraña sincronicidad donde cada cosa va cayendo en su lugar en el momento y lugar correcto. Pero esto sólo se logra cuando entendemos que también la adversidad y la crisis son la experiencia perfecta que necesitamos en ese momento.

Cada cual está en el nivel que le corresponde, pero nadie tiene el derecho de creer que está “más avanzado” que otros. Simplemente cada cual está en el lugar que le corresponde, por ello no debemos esforzarnos por cambiar a otros sino dedicarnos a cultivar la Consciencia del momento presente. Esa es la mejor clase de ayuda que podemos dar a otros ya que estaremos contagiando a los que nos rodean de la Presencia.



[1] Daigu Ryokan.
[2] Adaptación de un proverbio Zen que reza: “El maestro actúa sin hacer nada                                                  y enseña sin decir nada. Las cosas aparecen y él las deja Venir; Las cosas desaparecen y él las deja ir.”

martes, 30 de diciembre de 2014

Mecanismos de defensa del ego - Parte I: La proyección

La proyección es un fenómeno mencionado por Freud que consiste en ver en otros aquello que rechazamos ver en nosotros. Cuando hablamos del tema de las polaridades mencionamos que cada vez que buscamos desarrollar algún tipo de virtud, le damos fuerza a su contrario en el inconsciente. Pues bien, la proyección es la forma inconsciente como lidiamos con la polaridad que queremos tener reprimida en la sombra.

Veamos algunos ejemplos: los homofóbicos suelen tener deseos homosexuales reprimidos y lidian con ellos rechazando en otros lo mismo que niegan dentro de sí. Los puritanos rechazan a las personas hedonistas porque así se enfrentan en otros a los deseos reprimidos que no quieren ver en ellos mismos. Llevando esto a un nivel personal, podemos ver que cada una de las personas que odiamos o que nos disgustan nos recuerda partes negadas o reprimidas de nosotros mismos. Cada persona que nos genera molestia es un espejo que refleja todo aquello que no queremos ver en nosotros.



Existe otra clase de proyección, la que se presenta cuando sentimos atracción hacía ciertas personas que hacen cosas que nosotros desearíamos hacer pero lo hemos reprimido. Conocí a un hombre que era un gran puritano, fue vegetariano una buena parte de su vida y se esforzaba al máximo por practicar la castidad. Sin embargo, este hombre admiraba a personajes hedonistas famosos. Recuerdo que él se divertía viendo los programas de televisión de Anthony Bourdain, un hombre que viaja por el mundo disfrutando de los placeres del vino y la comida. A mi amigo le encantaba Anthony ya que proyectaba en él sus deseos reprimidos, pero al mismo tiempo no se permitía ninguno de esos placeres para sí.

La fascinación de personas “normales” por personajes macabros o asesinos en serie también muestra como proyectan sus deseos inconscientes más ocultos. Estas personas jamás se atreverían a matar a nadie, pero gozan leyendo las noticias judiciales de los diarios porque allí pueden odiar –y secretamente amar- al asesino inconsciente que llevan dentro.

Pero la proyección no es algo malo, en realidad es una gran oportunidad que nos da el Universo. Cada vez que nos encontremos con personas por las cuales sentimos aversión u odio, en vez de buscar la causa de la emoción en el otro, observémonos a nosotros mismos, hagámonos conscientes de los pensamientos y emociones que surgen cuando nos encontramos con esta persona. De igual manera, si sientes fascinación por una estrella de rock o un actor de cine que hace cosas que crees jamás harías, aprovecha la oportunidad para darte cuenta de las emociones que emergen y conocerás más de ti mismo. Has esto sin juzgar lo que emerge como “bueno” o “malo” y de esta manera lo inconsciente se hará consciente y serás libre de los grilletes creados por ti mismo a través de la represión.


martes, 16 de diciembre de 2014

Las polaridades

En la cultura Occidental buscamos lo “bueno” mientras tratamos de alejarnos de lo “malo”. Pero lo uno no puede existir sin lo otro. Ambos son conceptos dualísticos que necesitan de su opuesto para existir. Si te pones de parte del “bien”, estás afirmando veladamente la existencia del “mal”; si decides ser “malo”, indirectamente le das poder a lo “bueno”. La palabra paz sólo cobra sentido al existir la palabra guerra, es decir que, sin la guerra la palabra paz es completamente  innecesaria. Sea que te pongas de parte de la paz o de la guerra, estarás afirmando su contrario, así es la dualidad.

¿Cómo funciona esto? La mente se divide en dos niveles: conciente e inconsciente. Jung decía que cuando uno conscientemente se identifica con una polaridad ignorando o rechazando la otra, el lado rechazado se auto-afirma en el inconsciente. Por ejemplo, si decides ser casto y puro, en el inconsciente acumularás deseos y fantasías sexuales muy fuertes. Si decides ser bondadoso, en el inconsciente afirmarás la dureza de corazón. Si decides ser santo, en el inconsciente afirmarás tu propio diablo interior (la sombra).

Esto contradice la mentalidad Occidental que motiva a las personas a buscar el bien y abandonar el mal. A pesar de esta creencia, vemos que la violencia y las violaciones sexuales son más fuertes donde esta mentalidad prevalece. Una cultura reprimida genera inconscientemente una contra-cultura desenfrenada. Sucedió en Estados Unidos con el Rock y en América latina con el Reggaetón, la juventud utilizó estos ritmos musicales como una rebelión inconsciente contra la represión sexual promulgada por los religiosos y puritanos.

Lo que afirmo es que si te pones de parte de lo “bueno” das poder a lo que llamas “malo”. Pero esto no quiere decir que apoyes lo “malo”, ya que sólo generarás nueva fricción entre los pares de opuestos. Lo que propongo es que te eleves por encima de lo “bueno” y lo “malo”, que trasciendas el nivel de la dualidad. Esto puede ser logrado cuando observas a tu mente, cuando eres consciente de los pensamientos y los miras sin juzgarlos como “buenos” o “malos”. Al desaparecer las etiquetas mentales de “bueno” y “malo” empiezas a actuar desde un nivel más profundo, el nivel de la Consciencia, allí no hay polaridades, no hay dualidad. Hacer esto es regresar a la inocencia de tu Ser, vivir la vida sin afectaciones o luchas internas.

Pero esto incluye un cambio de léxico. Palabras como “bueno” o “malo”, “agradable” o “desagradable”, “bonito” o “feo” deben ir desapareciendo poco a poco a medida que te das cuenta que solamente afirman la dualidad y alimentan el conflicto interior en lo conciente y lo inconsciente. Entonces las cosas son como son y no necesitas encasillarlas o etiquetarlas en términos de dualidad. Una flor es una flor, no es fea ni bonita. Una situación es una situación, no es agradable o desagradable. Un pensamiento es un pensamiento, no es bueno ni malo. Cuando haces esto penetras más profundamente en la vida y la experimentas de forma directa, sin ser afectado por las programaciones y etiquetas que el mundo te ha impuesto.



domingo, 30 de noviembre de 2014

Preceptos para una Vida Plena

Por Claudio Naranjo 


Les comparto los preceptos de Claudio Naranjo, psiquiatra chileno impulsor de la Gestalt, psicoterapia basada en el Aquí y Ahora:

1.   Vive Ahora. Preocúpate del presente antes que del pasado o del futuro.

2.   Vive Aquí. Ocúpate de lo que está presente antes de lo que está ausente.

3.   Deja de imaginar cosas. Experimenta lo real. 

4.   Deja de pensar en cosas innecesarias. En lugar de ello gusta y mira.

5.   Expresa en vez de manipular, explicar, justificar o juzgar.

6.   Entrégate a la desazón y al dolor de la misma manera en que te entregas al placer. No limites tu conciencia.

7.   No aceptes otros "debes" ni "deberías" más que los que tú te impongas. No adores a ídolo alguno.

8.   Asume plena responsabilidad por tus acciones, sentimientos y pensamientos.


9.   Acepta ser como eres.

sábado, 25 de octubre de 2014

Consciencia, consciencia, consciencia

En los diferentes artículos que publicamos volvemos una y otra vez al tema central de este Blog: la Consciencia Plena de la experiencia presente. Para algunos, esto puede ser una “repetición de lo repetido”, sin embargo es necesario volver sobre este tema central hasta que logremos interiorizar y poner en práctica la Consciencia en nuestra experiencia diaria.

Recuerdo haber estado en un grupo religioso donde nos enseñaban de todo: Budismo Tibetano, hinduismo, Kábala, psicología etc. Éramos un océano de conocimiento, pero con un centímetro de profundidad, sabíamos de todo pero al final no sabíamos nada. Ahora he preferido dejar atrás toda clase de conocimientos teóricos y especializarme en una sola cosa: la práctica de la Consciencia. La ecuación es sencilla: cuando hay Consciencia el ego y la mente no pueden actuar, eso responde a la búsqueda de toda mi vida.

Ahora quiero dejarlos con un extracto del libro “Ser Consciente de lo inconsciente”, el cual aclara aún más este punto:



Consciencia, consciencia, consciencia
Una vez un joven discípulo le preguntó a su maestro: “¿Cuál es la clave de la iluminación?”. El maestro respondió: “Consciencia”. El discípulo dijo: “Si, ya sé que la consciencia es importante, pero ¿Qué debo hacer para despertar?”. Consciencia, consciencia”, replicó el maestro. “está bien, dijo es discípulo, ¿pero qué más debo hacer además de tener consciencia?”. El maestro calmadamente respondió: “consciencia, consciencia, consciencia”. El discípulo un poco disgustado preguntó: “¿Pero qué significa eso?”. “consciencia, consciencia, consciencia, significa: consciencia”, fue la respuesta.

Vivir en consciencia significa estar atento a lo que sucede dentro y fuera de ti. Significa estar atento a observar los pensamientos y las emociones. Consciencia significa convertirte en el testigo de tu vida. Así no podrás identificarte con tu mente o tu ego y verás la vida desde una perspectiva más amplia. Esta capacidad de des-identificarte con lo que sucede es la esencia de la iluminación, es el gran descubrimiento que han hechos místicos de todas las religiones o de ninguna en particular. Pero muy pocas personas lo saben.

Como vez, la iluminación no es un evento que se dará en el futuro. Si en este momento estás consciente del movimiento de tu mente, si estás consciente de lo que hay a tu alrededor y de lo que sucede dentro de tu cuerpo, sea esto la respiración o el latido de tu corazón, ya estás despierto.

Algunas personas piensan que puede ser abrumador estar consciente todos los días de tu vida de aquí en adelante. Pero no tienes que estar consciente todos los días de tu vida, solamente debes estarlo en este momento. El despertar se manifiesta en el instante en que eres consciente, no necesitas nada más. No necesitas procesos o iniciaciones, sólo necesitas estar atento, estar alerta, estar despierto.

El maestro zen Kodo Sawaki dice lo siguiente acerca del satori,  que es otro término para referirse al despertar espiritual:

“Pensar que se ha alcanzado el satori es una ilusión. Si un monje zen confiara en que su satori de ayer sigue siendo válido hoy, se estaría haciendo ilusiones. Cada instante es el primero de tu vida. Cada instante es el último.

¿Experimentaste una vez el satori y desde entonces todo está en orden? No, el satori sólo tiene validez en este preciso instante. En el instante siguiente ya ha pasado. Si crees haber escalado hasta el punto más alto y haber logrado el satori, a continuación irás cuesta abajo. Practicar el zen significa continuar escalando durante toda tu vida.

¿Cuál es, en último término, el propósito de esta vida? Tomar las riendas de tu verdadero yo. Reconocer cuál es tu auténtica tarea. Satori significa ser realmente tú mismo. Conocerte a ti mismo y sostenerte con los pies firmes sobre la tierra. Y realizar la Vía significa avanzar seguro sin perderte a ti mismo de vista.”






sábado, 4 de octubre de 2014

La parábola del vaso

La siguiente historia ilustra cómo, cuando nos aferramos a un pensamiento, este se convierte en una pesada carga que obstaculiza nuestra felicidad.


Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua. Ya todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó:
- ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
El psicólogo respondió: "El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.
El peso real del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, y más difícil de soportar se vuelve."
Y continuó: "Las preocupaciones de nuestro día a día son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler, pero si piensas en ellas todo el día, acaban paralizándote, te impiden hacer nada"
El objetivo de esta historia no es enseñarte a luchar contra los pensamientos tratando de evitarlos, sino que los observes sin juzgarlos. Cuando te conviertes en el observador, entras en la dimensión de la Consciencia y las imágenes creadas por la mente ya no pueden afectarte. La autoobservación te permite  desidentificarte del ego, de esta manera este pierde energía y se debilita. Esta es la Clave central del Despertar.


sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Dominar el ego?

Cuando estudiamos las enseñanzas espirituales de Oriente y Occidente encontramos a muchos maestros que promulgan la necesidad de dominar el ego. Eso suena muy bien, parece un ideal justo. Sin embargo, “dominar” implica controlar, entrar en con conflicto con algo, iniciar una lucha o una guerra. La guerra engendra guerra y el único camino para la paz es la paz misma, por lo tanto, no podemos obtener nada beneficioso como producto de la lucha.

La idea de la guerra contra el ego está muy incrustada en nuestra cultura, podemos ver sus orígenes en el concepto cristiano del Armagedón –la lucha planetaria entre el bien y el mal- así como en la Yihad o guerra santa promulgada por muchos musulmanes. Este sentido de lucha se origina en la dualidad, es decir, en la percepción “bien y el mal” relativo que se da cuando observamos el mundo a través de la mente y sus condicionamientos culturales, religiosos, etc.

¿Hay otro camino para liberarnos del ego que no sea luchando contra él? Claro que sí, es el camino de la Consciencia, el cual implica estar consciente, o ser el observador de los diferentes juegos que el ego utiliza en cada momento. Por medio de la observación, las estrategias de ego son descubiertas y empiezan a perder fuerza. La clave está en observar los juegos del ego sin juzgar, sin poner etiquetas de bueno o malo, simplemente observamos de forma ecuánime a la mente y su funcionamiento.

Pero hay que ir más allá de ser un simple observador, es necesario tomar consciencia de las emociones generadas por el ego. Esto lo hacemos sintiendo en qué parte del cuerpo se experimentan y aceptando plenamente esa emoción. El resultado de esto es una transformación radical que viene desde adentro.

Por su puesto, es más fácil el camino de la represión o la guerra contra el ego, pero sus resultados no son duraderos. La Consciencia puede parecer que obra más lento, pero produce resultados perdurables y radicales.

Así que cuando escuches a alguien que te diga frase como:

·         “No te sientas ofendido.”
·         “Libérate de la necesidad de ganar”
·         “No te dejes controlar por los celos”

Puedes cambiarlas por frases como estas:}

·         “Observa los pensamientos que alimentan tu ofensa”
·         “Hazte consciente de la necesidad de ganar”
·         “Toma consciencia de tus celos, ubícalos en tu cuerpo y permíteles ser como son”

Al hacer esto podrás observar la transformación que se genera de forma natural por medio de la Consciencia. Aquí no hay lucha o conflicto, solamente aprendes a nadar con la corriente del río de tus pensamientos y emociones en vez de nadar río arriba.

Esta enseñanza no es para nada nueva. Ya la había dado Lao-Tsé 550 años antes de Cristo y hoy ha resurgido en la voz de cientos de personas de todas las culturas y religiones que están despertando a la comprensión profunda que viene de la desidentificación con la mente y ego.