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jueves, 8 de abril de 2021

Qué hacer cuando tu maestro te decepciona

Por Walter J. Velásquez

 

Los maestros espirituales alternativos

En la Tierra hay miles de millones de buscadores de la verdad. Algunos de ellos se han salido del molde de las regiones tradicionales. Se han ido, tal vez cansados de la hipocresía de muchos líderes religiosos que predican moralidad, pero en sus vidas privadas tienen comportamientos contrarios a sus propias enseñanzas. Un ejemplo de esto son los escándalos sexuales que han sacudido al mundo y en los que se han visto involucrados sacerdotes católicos, pastores cristianos, monjes budistas y  brahmanes de la antigua tradición india.

Muchos buscadores, al separase de las grandes religiones, han salido en busca de una espiritualidad que les de la respuesta que su iglesia no les ha podido dar. Es así como han terminado estudiando las enseñanzas de otro tipo de maestros a los que llamo alternativos. Me estoy refiriendo a aquellos que se oponen a crear una religión organizada en torno suyo y a establecer dogmas de fe. Un dogma es una creencia que debe ser aceptada ciegamente, sin que haya ninguna evidencia que permita verificar su realidad.

Entre los que llamo maestros alternativos existen muchos seres, pero quiero nombrar únicamente a aquellos cuya obra he conocido aunque sea parcialmente: J. Krishnamurti, Osho, Eckhart Tolle, Gangagi, Raphael, Francis Lucille, Adyashanti, Alan Watts, Jeff Foster, Anthony de Mello y Sergi Torres. Ellos no forman parte de ninguna organización que los aglutine. Lo único que tienen en común es su énfasis en lo que en inglés se conoce como Awareness, y que ha sido traducido al español como el Darse Cuenta o simplemente la Consciencia del momento presente.

Como puedes ver, entre los maestros alternativos no he nombrado a nadie perteneciente al movimiento de la Nueva Era. La razón de esto es que la Nueva Era es un paso intermedio entre las religiones tradicionales y la no dualidad. Yo mismo estuve en la Nueva Era por años y entiendo que comparada con las antiguas religiones, es un paso muy importante hacía el despertar. Sin embargo, no es el final del camino.

Dentro de algunos círculos se les conoce a estos maestros como neo-advaita debido a que hablan desde la no dualidad. Esta es una tendencia que afirma que nuestra naturaleza esencial es el Universo. No dualidad significa que no hay separación entre el hombre y Dios, o entre Dios y el Cosmos. En la no dualidad no hay necesidad de dogmas, rituales o iniciaciones. Lo único que se requiere es despertar a nuestra verdadera naturaleza. Una características de los maestros neo-advaita es que no pertenecen a ningún linaje oficial, ni están interesados en recibir discípulos de una manera formal.

Pero… ¿Qué pasa si te enteras que alguno de estos maestros ha tenido comportamientos contrarios a sus propias enseñanzas? ¿Cómo manejar el shock emocional que eso provoca? Esto fue lo que ocurrió con muchos estudiantes de Osho después de ver el documental de Netflix Wild Wild Country. Así que en esta serie de artículos exploraremos las vidas de algunos de estos maestros, poniendo sus enseñanzas en el contexto de los escándalos que los han rodeado.

 

El papel del maestro espiritual

Todos los maestros espirituales, al estar y moverse en este mundo, están sujetos a las limitaciones propias de la dualidad. Cuando hablo de dualidad, me refiero a la creencia de que estamos separados del todo, o a la idea de que Dios es un ente externo al Universo. La dualidad implica desconectarse del Aquí y Ahora, por lo tanto, conduce a estados de inconsciencia total o temporal.

Cuando una persona despierta entra en el estado de no-dualidad, lo cual quiere decir que deja de verse a sí mismo como un “yo” separado y se da cuenta de que su verdadera naturaleza es el Todo. Debido a su Compasión, algunos maestros despiertos adaptan su mensaje para que pueda ser comprendido por las personas que siguen atrapadas en la dualidad. Por ejemplo, cuando Buda realizó su iluminación se dio cuenta de que el “yo” era una ilusión creada por la mente. Sin embargo, para que la gente lo entendiera, seguía hablando en términos de “yo” y “tú”.  

El papel esencial del maestro espiritual es ser un facilitador para que sus estudiantes puedan realizar la verdad por ellos mismos. Un verdadero maestro no debería hacer que sus estudiantes generen dependencia hacía él. Más bien busca darles las herramientas para que estos puedan llegar a ser interdependientes.

La interdependencia implica realizar la verdad y poder seguir interactuando con el maestro y alimentándose de su sabiduría sin desarrollar una fe ciega. Para esto es necesario poner en práctica las enseñanzas y evidenciar si realmente funcionan. Es decir, que se permite dar cabida a la duda. Si un maestro no permite la duda, es posible que lo único que esté buscando son ovejas obedientes para su rebaño.

 

Cuando los estudiantes destruyen al maestro

El maestro espiritual sincero te quiere libre. Él no busca que seas un esclavo de sus enseñanzas sino que despiertes por ti mismo a la realidad. Sin embargo, todo maestro, estando en un cuerpo humano puede tener momentos en los cuales se des-identifica de la Consciencia y actúa desde el “yo”. Es por ello que los estudiantes deben estar alerta, para reconoces esos impasses. Un estudiante que desarrolla idolatría por su maestro no podrá reconocer esos puntos muertos.  

Krishnamurti decía que los discípulos destruyen a sus maestros y esto es muy cierto. Los seguidores se quieren sentir importantes, y para ello ponen a su maestro en un pedestal. El razonamiento es muy sencillo: si él maestro es importante eso los hace importantes a ellos. A continuación empiezan a darle un trato preferencial, digno de una persona “especial”. Si el maestro se llega a creer que él realmente es “especial”, puede empezar a identificarse con el “yo”, confundiéndolo con la Consciencia Cósmica.

Pero esto no debería resultar un problema para un estudiante serio. En primer lugar, si el estudiante está arraigado en su Consciencia, simplemente dejará de lado aquello que no le aporte nada, y tomará las enseñanzas de su maestro que le resulten nutritivas. A esto se llama discernimiento.

 

Tenemos el maestro que necesitamos

Cuando el buscador espiritual ha alcanzado cierta madurez comprende que lo que realmente importa es la Consciencia Cósmica. Su maestro simplemente es un vehículo para que dicha Consciencia se exprese, y el vehículo se puede equivocar. La perfección humana es un mito. Lo único perfecto es la Consciencia no dual.

El estudiante sincero nunca se sentirá defraudado cuando vea a su maestro equivocarse porque entiende perfectamente el absurdo de esperar encontrar la perfección humana en alguien. Ningún maestro te puede defraudar, porque el sentimiento de decepción se produce cuando tus expectativas no se cumplen. Y ningún maestro es responsable por las expectativas que pongas en él.

En un nivel más profundo, todo maestro es perfecto. Me refiero al hecho de que toda persona atrae a su vida los padres, hermanos, experiencias y maestros que necesita para aprender las lecciones que requiere su evolución. Por ejemplo, si alguien está bajo el control de un líder religioso manipulador y abusivo, esa experiencia extrema puede ayudarle a desarrollar la capacidad de ponerle fin a ese tipo de situaciones. Si aprende la lección, estará listo para seguir avanzando. Pero si no aprende nada, el Universo le repetirá la lección una y otra vez en la forma de maestros, jefes o parejas manipuladoras.

Años atrás tuve una líder espiritual muy controladora. Ella nos decía qué comer, qué libros leer o cuántos rituales hacer diariamente. Ese control muchas veces no era directo. A veces solamente buscaba la manera de hacernos sentir mal por no hacer las cosas que ella quería. Ocurrió algo que me permitió ver su gran ambición de control y me enfrenté a su autoridad. Al principio sentí miedo, y perdí muchos amigos por haber tomado esa decisión. Después de abandonar ese movimiento religioso me sentí empoderado y a partir de allí nunca más me sometí a la autoridad de alguien que quisiera manipularme. En ese momento veía esta persona como una falsa maestra. Pero ahora le agradezco inmensamente porque era justamente la maestra que yo necesitaba para aprender un par de lecciones y convertirme en alguien con mayor madurez espiritual.

Es probable que cualquiera de nosotros haya tenido maestros espirituales o parejas que han ejercido algún tipo de control, maltrato o manipulación en nuestras vidas. En vez de entrar a juzgar a esa persona, mi invitación  es mirar dentro de nosotros mismos para buscar qué hay en nuestro interior que hace que atraigamos este tipo de personas. Si queremos ver cambios afuera, primero hay que realizarlos dentro.

 

 Ver: La sombra de Krishnamurti


martes, 28 de junio de 2016

El legado de la contracultura

En los años 60 confluyeron en la Tierra una lista de seres excepcionales que simplemente no encajaban con las viejas tradiciones y creencias. Ellos vinieron a romper el molde de lo establecido y a formar el movimiento contracultural. La palabra “contracultura”, acuñada por Theodore Roszac, se refiere a un movimiento que viaja en contra de la corriente del sistema tradicional.

Los inspiradores de la contracultura tenían dos cosas en común: el respeto por las experiencias personales de cada individuo y el rechazo hacía las creencias.

La experiencia personal
J. Krishnamurti
En cuanto a lo primero -el respeto por la experiencia personal- Krishnamurti, Fritz Perls o Alan Watts invitaban a las personas a valorar sus propias experiencias y los impulsos de su corazón por encima de la palabra de cualquier gurú, sacerdote o canal psíquico.

Sólo tú conoces tu vida y sabes realmente quién eres y qué es lo que quieres. ¿Quién mejor que tú para saber en dónde has fallado antes y cómo corregir el rumbo de tu propia vida? Es infantil buscar respuestas a tu vida personal en otro. No sólo es infantil sino que es además, un signo de dependencia emocional.

El verdadero Maestro
El mejor maestro no es el que dará las respuestas a tus preguntas, sino aquel que te hará las preguntas correctas, de tal manera que puedas descubrir por ti mismo la respuesta. Esto no tiene nada de nuevo. Sócrates lo conocía hace miles de años y lo llamó Mayéutica.

Doctrinas, la letra muerta
En cuanto al rechazo a las doctrinas, punto común de los líderes contraculturales de los años 60, dejemos que la Terapeuta Gestalt Barry Steves profundice en ello:

“En mi experiencia, las creencias me traen problemas. Son rígidas. No evolucionan con los cambios que están constantemente ocurriendo. No se adaptan. Tampoco sirve cambiar de creencia, ya que me traería los mismos problemas. La creencia excluye toda nueva evidencia, aunque sea o no verdad en un momento dado. Lo que sí tiene sentido para mí es la tentatividad, la forma en que caminan los elefantes, que antes de colocar su peso sobre el terreno lo prueban para ver si los sostendrá o no. Cada paso con cada pie, porque la última vez no dice nada acerca de esta vez”.

Una creencia es una prisión que te atrapa y no te deja fluir en el Aquí y Ahora. Por ejemplo, la creencia de la Edad Media de que la Tierra era plana no permitía que se considerara otra posibilidad.

Algunas prisiones mentales son más cómodas que otras y no por ello dejan de ser prisiones. Hay creencias evidentemente arcaicas como las de aquellos que matan otros en nombre de Dios y hay creencias más sofisticadas que utilizan jerga científica y términos de física cuántica para impresionar. Pero “aunque la mona se vista de seda, mona queda.”

Qué es la verdad
Fritz Perls
Toda creencia dirá que te mostrará la verdad, como si la verdad fuera un objeto que se pudiera atrapar. La verdad sólo se encuentra cuando ves la vida sin los filtros de creencias creadas por la mente. Para ello es necesario estar Aquí y ahora. Si observas un pez desde el recuerdo de lo que la palabra “pez” significa para ti, no lo estás viendo en el Ahora, por lo tanto no estás viendo la verdad sobre esa criatura. Si puedes verlo sin juzgarlo, sin etiquetarlo y sin tener ninguna expectativa sobre cómo debería comportarse, entonces podrás captar al pez en toda su realidad y belleza. Esta es una experiencia que no se puede traducir en palabras.

Si le preguntas a los maestros acerca del “pez” tendrás diferentes respuestas. Los falsos maestros te darán toda clase de descripciones acerca de la criatura. Ellos te maravillarán con sus hermosas analogías acerca del pez. Por eso tienen tantos seguidores. A la mente que es perezosa le gusta que den la comida ya masticada, ella no quiere hacer esfuerzo. Por ello un Kryon, un Ramtha o alguien que diga canalizar a los Maestros Ascendidos tendrá miles de seguidores. Ellos tienen creencias, hermosas prisiones de oropel que gustan a las multitudes.

Un verdadero maestro no te dirá nada acerca del pez. Él te enseñará a ver. Él afinará tus sentidos y te mostrará cómo despejar tu mente de creencias para que puedas ver claramente. Este proceso es más largo y los resultados generan un impacto más profundo. Por ello hay menos personas en este lado de la fila.

Líderes de la contracultura
Krishnamurti renunció a palacios, honores y dinero. Él dejó de lado su liderazgo en la Sociedad Teosófica con sus rituales e iniciaciones, para para ser congruente con su visión simple y humana de la vida.

Fritz Perls cuestionó en la cara a su maestro Sigmund Freud y rompió los moldes del psicoanálisis y el conductismo para crear una psicoterapia existencial basada en el Aquí y Ahora.

Alan Watts captó la esencia del Zen y la sacó de una doctrina anacrónica y atrapada en el ritual, para que las personas comunes y corrientes pudieran vivirlo en medio de su cotidianeidad.

Ellos nunca conformaron una organización común. Y sin embargo, tenían en común el amor por la libertad y la verdad. Todos fueron rechazados en su momento. Fueron rebeldes que se enfrentaron al sistema dominante. Además de estos tres hubo muchas mujeres y hombres de la contracultura que no alcanzaría a nombrar aquí.

Alan Watts
Pareciera que con la muerte de los héroes de la contracultura hubiera muerto su legado. Hoy vemos a los buscadores espirituales corriendo de aquí para allá en busca del nuevo gurú que prometa darles el mantra que cambiará sus vidas o en busca de la nueva canalización que diga ser mejor que todas las anteriores. Ellos buscan afuera lo que está adentro. Ellos caminan dormidos, no quieren ver por sí mismos, por eso buscan a alguien que les diga lo que quieren oir; alguien que prometa la técnica mágica para resolver todos sus problemas; alguien que no les pida observarse a sí mismos de forma total; alguien que diga ser el intermediario que les traerá la supuesta veradad.

Despierta!

Es hora de despertar! Deja de andar vagando en el mar de las creeencias y vacía tu mente de doctrinas muertas. Liberate del Maya de los condicionamientos e interpretaciones. Observa al mundo sin juzgar y etiquetar lo que vez, y entrarás en una nueva dimensión del conocimiento. Observa tus pensamientos y hazte consciente de tus emociones sabiendo que no eres ninguno de los dos. El observador es la Consciencia Universal que trasciende los límites de la mente y te lleva a la comprensión de: “Yo Soy el Universo”.

viernes, 24 de julio de 2015

La práctica de la meditación

Por Alan Watts                                                                                                                           
Fuente: “La vida como juego”, página 79

Bodhidharma en meditación.
La práctica de la meditación no es lo que vulgarmente se entiende por práctica, en el sentido de repeticiones, preparación para alguna futura actuación. Puede parecer raro e ilógico el decir que la meditación en la forma del Yoga, Dhyana o Zazen, como la usan los hinduistas y budistas, es una práctica sin ningún propósito en algún tiempo futuro porque es el arte de estar completamente centrado en el aquí y el ahora. “No tengo sueño, ni voy a ninguna parte”.


Estamos viviendo en una cultura enteramente hipnotizada por la ilusión del tiempo, en el que el llamado momento presente es sentido como nada más que una rayita infinitesimal entre un pasado todopoderosamente causativo y un futuro absorbentemente importante. No tenemos presente. Nuestra consciencia está preocupada casi por completo con el recuerdo y la expectativa. No nos damos cuenta de que nunca hubo, hay ni habrá más experiencia que la presente. Por consiguiente no estamos al corriente de la realidad. Confundimos el mundo como se habla, se describe y se mide, con el mundo que realmente es. Poseemos una morbosa fascinación por esas útiles herramientas que son los nombres y los números, los símbolos, señas, concepciones e ideas. La meditación es, por tanto, el arte de suprimir por un tiempo el pensamiento simbólico y verbal, algo así como un cortés auditorio que deja de hablar cuando el concierto está a punto de empezar.



Simplemente siéntate, cierra los ojos y escucha todos los sonidos que puedan oírse sin intentar darles un nombre o identificarlos. Si ves que el pensamiento verbal no te abandona, no trates de pararlo por la fuerza de la voluntad. Simplemente mantén la lengua relajada flotando cómodamente en la mandíbula inferior y escucha a tus pensamientos como si fueran pájaros cantando fuera —simples ruidos en el cráneo— y poco a poco se irán apaciguando por sí mismos, de la misma forma que un estanque turbulento y turbio se calma y se aclara cuando se le deja en paz.

Toma también consciencia de la respiración permitiendo a tus pulmones que lleven el ritmo que les sea más agradable. Y durante un rato, sólo escucha y siente tu respiración. Pero si es posible, no la llames así. Experimenta simplemente el acontecer no-verbal. Podrás objetar que esto no es meditación “espiritual”, sino una mera atención al mundo “físico”, pero debe entenderse que lo espiritual y lo físico son sólo ideas, concepciones filosóficas, y que la realidad de la cual tú te estás dando cuenta ahora, no es una idea. Más aún, no hay ningún “tú” que se dé cuenta de ello. Eso también era sólo una idea. ¿Te puedes oír a ti mismo escuchando?

Y ahora empieza a dejar que tu respiración “caiga” lenta y cómodamente. No fuerces ni aprietes tus pulmones, más bien deja que el aire salga de la misma manera en que te dejas hundir en una cómoda cama. Sencillamente déjalo salir, salir y salir. En el momento en que haya la menor tensión, deja simplemente que vuelva a entrar el aire como un reflejo; no lo metas tú. Olvida el reloj. Olvídate de contar. Tan sólo mantenlo mientras puedas sentir el lujo de hacerlo.


Utilizando la respiración de esta manera, descubres cómo generar sin fuerza. Por ejemplo, uno de los trucos (en Sanskrito, Upaya) usado para aquietar la mente pensante y su compulsiva cháchara es conocido como mantra —cantos de sonidos por los sonidos en sí, más que por el significado—. Por tanto, comienza a emitir un simple sonido al expulsar el aire larga y confortablemente, en el tono que te sea más cómodo. Los hinduistas y los budistas para este tipo de prácticas utilizan sílabas como OM, AH, HUM, los cristianos tal vez prefieran AMÉN o ALELUYA, los musulmanes ALLAH y los judíos ADONAI; en realidad es indiferente, puesto que lo que importa es única y exclusivamente el sonido. Podrías tan sólo usar la sílaba MUUUU como los budistas Zen. Profundiza en ese, y deja que tu mente se hunda más y más en el sonido mientras no haya ninguna sensación de tensión.

Por encima de todo, no esperes resultados, algún maravilloso cambio de consciencia o Satori: toda la esencia de la práctica de la meditación se centra en lo que es, no en lo que debiera o pudiera ser. El punto está en no poner la mente en blanco o en concentrarse ardientemente en, digamos, un simple punto de luz —aunque eso también puede resultar delicioso si se hace sin ningún ardor.


¿Durante cuánto tiempo se puede mantener? Mi propio y quizá poco ortodoxo sentimiento me dice que se puede continuar mientras no haya sensación de que se está forzando, y esto se puede extender fácilmente a unos 30 ó 40 minutos de una sentada, después de la cual querrás regresar al estado normal de intranquilidad y distracción.

Banco adaptado para la meditación zen.
Al sentarse para meditar, es mejor usar un cojín grande sobre el suelo, mantener la columna erecta pero no tensa, poner las manos sobre el regazo —con las palmas hacia arriba— descansando cómodamente la una encima de la otra, y sentarse con las piernas cruzadas como una figura de Buda, en la postura del “loto” o del medio loto, o sentado sobre las rodillas. “Loto” quiere decir colocar uno o ambos pies, con la planta hacia arriba, sobre el muslo de la pierna opuesta. Estas posturas son ligeramente incómodas, pero tienen la ventaja, por tanto, de mantenerte despierto[1].

Durante el curso de la meditación es posible que tengas asombrosas visiones, ideas maravillosas y fascinantes fantasías. Incluso puedes sentir que te estás volviendo clarividente, o que puedes abandonar tu cuerpo y viajar a voluntad. Pero todo eso es distracción. Déjalo y simplemente observa lo que pasa AHORA. No se practica la meditación al objeto de adquirir poderes extraordinarios, porque si pudieras conseguir el ser omnipotente y omnisciente, ¿qué harías? Ya no habría más sorpresas para ti, y tu vida entera sería como hacer el amor con una muñeca de plástico. Desconfiad, pues, de todos esos gurúes que prometen “maravillosos resultados” y demás futuros beneficios de sus disciplinas. Todo el tema está en darse cuenta que no hay futuro, y que el verdadero sentido de la vida es una exploración del eterno ahora. ¡PARA, MIRA y ESCUCHA! ¿O deberíamos decir “conéctate, sintonízate con el momento presente”?

Se cuenta que un hombre fue a ver al Buda llevándole ofrendas de flores en ambas manos. El Buda dijo: “¡Tíralas!” El hombre tiró las flores que llevaba en la mano izquierda. El Buda volvió a decir “tíralas”. El hombre tiró las flores que llevaba en la mano derecha. Y el Buda dijo: “¡Tira eso que no tienes ni en la derecha ni en la izquierda, sino en el medio!” Y el hombre alcanzó la iluminación instantáneamente.


Es maravilloso tener el sentido de que todo lo que vive y se muere está cayendo, o sigue a la gravedad. Después de todo la tierra está cayendo alrededor del sol, y a su vez, el sol está cayendo alrededor de alguna otra estrella. Porque la energía es precisamente una toma de la línea de menor resistencia. La energía es masa. El poder del agua está en seguir su propio peso. Todo llega a aquel que pesa.





[1] Nota de Walter Velásquez: En caso de que estas posturas resulten en extremo molestas o inconvenientes, puede optar simplemente por sentarse en una silla cómoda.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Comienza Ahora

Alan Watts nos entrega en este discurso un mensaje directo acerca del Despertar Espiritual, el cual no está condicionado por la pertenencia a una creencia determinada sino por la capacidad de estar presentes Aquí y Ahora.

(Activar subtítulos en la parte inferior derecha del vídeo).

miércoles, 7 de agosto de 2013

Hui-Neng, el Maestro de la no-dualidad

Hui-neng es una de las grandes luminarias de la historia. Siendo un humilde campesino logro el satori (la iluminación), convirtiéndose luego en uno de los padres del Budismo Zen. Según Alan Watts:

“Hui-neng afirmaba que un hombre con la conciencia vacía no se diferencia de ''un leño o una piedra". Subrayaba que la idea de purificar la mente era confusa y desacertada porque "nuestra naturaleza es algo fundamentalmente claro y puro". En otras palabras, no hay semejanza entre la conciencia o mente y el espejo que puede limpiarse. La verdadera mente es "no-mente" (wu-hsin) lo cual quiere decir que no debe ser considerada como un objeto de pensamiento o acción, como si fuera una cosa que puede agarrarse y controlarse. El intento de actuar sobre la propia mente es un círculo vicioso. Tratar de purificarla es contaminarse con la pureza. Evidentemente esto es la filosofía taoísta de la naturalidad, según la cual una persona no es genuinamente libre, desapegada, o pura, cuando su estado de ánimo resulta de una disciplina artificial. Es sólo un imitador de la pureza que finge tener clara conciencia. De aquí el desagradable fariseísmo de quienes son deliberada y metódicamente religiosos.”

He aquí la historia de Hui-neng, narrada por Alan Watts:

“Se dice que Hui-neng tuvo su primer despertar cuando, casi niño, oyó casualmente que alguien leía el Vajracchedika. De inmediato salió en busca del monasterio de Hung-jan en Wang-mei para que se le confirmara lo que había entendido y se le diera mayor instrucción. Más adelante nos será útil recordar que su primer satori le ocurrió espontáneamente, sin el concurso de un maestro. Su biografía lo representa como un campesino iletrado proveniente de las vecindades de Cantón. Parece que Hung-jan reconoció de inmediato la profundidad de su intuición, pero temiendo que sus orígenes humildes no le permitieran ingresar a una comunidad de monjes eruditos, el Patriarca lo puso a trabajar en la cocina.

Algún tiempo después el Patriarca anunció que estaba buscando un sucesor a quien pudiera transmitir su cargo junto con su manto y con la escudilla de mendigo (que se decía proveniente del Buddha), que eran sus insignias. Este honor iba a ser conferido a la persona que presentara el mejor poema donde se debía expresar cómo entendía el Budismo. El principal monje de la comunidad era un cierto Shenhsiu, y todos los demás naturalmente supusieron que el cargo pasaría a sus manos, y por tanto no intentaron competir.

Shen-hsiu, sin embargo, dudaba de su propia interpretación y decidió presentar el poema anónimamente, y declararse autor sólo si el Patriarca lo aprobaba. Durante la noche, por tanto, colocó en el corredor, cerca de las habitaciones del Patriarca, las siguientes líneas:

El cuerpo es el árbol Bodhi;
la mente, como un brillante espejo de pie.
Cuida de limpiarlo siempre,
sin dejar que junte polvo.

A la mañana siguiente el Patriarca leyó el poema y ordenó que se quemara incienso ante él, y dijo que todo el que lo pusiera en práctica podría realizar su propia naturaleza. Pero cuando Shen-hsiu lo fue a ver privadamente y le dijo que él era el autor, el Patriarca declaró que su interpretación distaba mucho de ser perfecta. Al día siguiente apareció otro poema al lado del primero:

Jamás hubo un árbol Bodhi,
ni brillante espejo de pie.
En realidad nada existe,
¿dónde, pues, se va a juntar el polvo?


El Patriarca sabía que sólo Hui-neng podía haber escrito esto, pero a fin de evitar celos borró el poema con su zapato y llamó a Hui-neng a su cuarto en privado, de noche. Una vez allí le confirió el patriarcado, el manto, y la escudilla, y le pidió que huyera a las montañas hasta que los otros monjes hubieran apaciguado sus sentimientos heridos y llegara el momento oportuno para comenzar su enseñanza pública.”

domingo, 7 de julio de 2013

La esencia del Zen

Alan Watts
El Zen nació como una síntesis del budismo de la India y el taoísmo que floreció en China. En su época inicial, el Zen era un estilo de vida natural que carecía de estructuras eclesiásticas y jerarquías. Con el tiempo, esta práctica se fue extendiendo en China hasta hacer necesaria la creación de monasterios para admitir el creciente número de monjes. En ese momento fue necesario crear las reglas, los ritos y las disciplinas, con el fin de “estandarizar” el budismo y poderlo entregar a una gran cantidad de jóvenes que ingresaban sin tener consciencia de lo profundo del Zen. Al masificarse, el Zen perdió un poco la “magia” y espontaneidad que lo caracterizaba cuando se impartía sin tanto formalismo. Esto es lo que ha sucedido a muchas religiones fundadas por seres iluminados. Al llevarlas a grandes grupos, es necesario adaptarlas al estado de consciencia del público. Sin embargo, su esencia permanece intacta en el corazón de la religión. Si sabemos buscarla, la encontraremos.

He aquí una perspectiva sobre la esencia del Zen en las palabras de Alan Watts:
Aunque pudiera suponerse que la práctica del Zen es un medio cuyo fin es el despertar, no es así. En efecto, la práctica del Zen no es una verdadera práctica en tanto tenga un fin de vista, y cuando no tiene en vista ningún fin es el despertar: la vida autosuficiente, sin objeto, del "eterno ahora". Practicar con un fin en vista es tener puesto un ojo en la práctica y otro en el fin, lo cual equivale a falta de concentración y de sinceridad. Para decirlo de otra manera: no se practica el Zen para convertirse en Buddha; se lo practica porque uno ya es Buddha desde el comienzo, y esta "realización original" es el punto de partida de la vida zen.                                                                  
Zen es ver la realidad directamente, en su "ser así". Para ver el mundo tal como es concretamente, no dividido por categorías y abstracciones, hay que mirarlo con una mente que no piensa acerca de él, es decir, que no forja símbolos. Por tanto, zazen (meditación) no significa sentarse con la mente en blanco que excluye todas las impresiones de los sentidos internos y externos. No es la "concentración" en el sentido corriente de restringir la atención a un solo objeto sensible, como por ejemplo a un punto luminoso o a la punta de la nariz. Es sencillamente una quieta conciencia, sin comentario, de todo lo que pasa aquí y ahora. Esta conciencia va acompañada de una sensación muy vivida de "no diferencia" entre uno mismo y el mundo exterior, entre la mente y sus contenidos: los diferentes sonidos, formas, colores y otras impresiones del mundo circundante. Naturalmente esta sensación no surge porque tratemos de obtenerla; viene sola cuando estamos sentados y atentos sin ningún propósito en nuestra mente, ni siquiera el propósito de librarnos de los propósitos.

lunes, 1 de julio de 2013

La espada de Prajna

El budismo Zen, más que una religión, es un estilo de vida donde prima lo natural y espontaneo por encima de lo premeditado y forzado. Siendo esta una de las religiones no-dualistas, quiero compartir la visión del Zen del místico e investigador británico Alan Watts (1915-1973), quien buceó en las aguas del Zen hasta alcanzar su esencia. Estás palabras están en línea perfecta con el objetivo de este Blog, así que a los lectores pueden serles de gran inspiración.

Buda Manjushri con la espada de Prajna
o espada de la sabiduría.
Así como "el pez nada en el agua sin pensar en el agua, y el pájaro vuela en el viento sin conocer al viento", tampoco la verdadera vida del Zen necesita "levantar olas cuando no sopla viento", o introducir la religión o la espiritualidad como algo que está por encima de la vida misma. Por esta razón el sabio Fa-yung dejó de recibirlas ofrendas de flores que le hacían los pájaros después que celebró su entrevistacon el Cuarto Patriarca, porque su santidad ya no "sobresalía como un pulgar enfermo". Respecto de ese hombre dice el Zenrin:

Al entrar a la floresta no mueve la hierba;
al entrar al agua no produce un rizo.

Nadie lo nota porque él no se nota a sí mismo. Con frecuencia se dice que aferrarse a sí mismo es como tener una espina clavada en la piel, y que el Budismo es una espina para extraer la primera. Una vez sacada, ambas espinas se tiran. Pero si el Budismo, la filosofía o la religión se convierten en otro modo de aferrarse a sí mismo mediante la búsqueda de una seguridad espiritual, las dos espinas se convierten en una, y entonces ¿cómo se las va a extraer? Como decía Bankei, esto es "lavar sangre con sangre". Por tanto en el Zen no hay yo ni Buddha al que uno pueda aferrarse, ni bien que ganar ni mal que evitar, ni pensamientos que desarraigar, ni mente que purificar ni cuerpo que perecer ni alma que salvar. De un solo golpe todo el andamiaje de abstracciones es reducido a polvo. Como dice el Zenrin:

Para salvar la vida hay que destruirla.
Cuando está totalmente destruida, por primera vez quedamos en paz.
Una palabra establece el cielo y la tierra,
una espada nivela el mundo entero.

De esta "única espada" decía Lin-chi:

Si un hombre cultiva el Tao, el Tao no actúa: por todas partes surgirán
condiciones desfavorables compitiendo entre si. Pero cuando sale la espada de la sabiduría [prajna] no queda nada.


La "espada de prajna" que corta las abstracciones es ese acto de "señalar directamente" por el cual el Zen evita los enredos de la religiosidad y va derecho al corazón. Así, cuando el gobernador de Lang preguntó a Yao-shan: ¿Qué es el Tao?, el maestro señaló hacia arriba, hacia el cielo, y hacia abajo, hacia una jarra de agua que estaba a su lado. Cuando le pidieron explicaciones replicó: "Una nube en el cielo y agua en la jarra."