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viernes, 10 de julio de 2020

¿Cuál es la diferencia entre Consciencia y conciencia?

Por nadie


Consciencia y conciencia

Consciencia y conciencia son cosas diferentes que suelen confundirse. La consciencia (con “s” antes de “c”) es la capacidad que tiene el ser humano de percibir la realidad y reconocerse en ella. Es por medio de la consciencia que se perciben los estímulos externos como los sonidos, formas, olores; y los procesos internos como los pensamientos o sentimientos. Cuando la palabra Consciencia se escribe con “C” mayúscula se refiere a la Consciencia cósmica. Este término implica que el Universo tiene la capacidad de reconocerse a sí mismo.

Por otro lado, la palabra conciencia (sin “s” antes de “c” y en minúscula), se refiere al conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal. El bien y el mal son conceptos subjetivos que dependen de cada individuo.

La conciencia se encuentra en el campo de la moral y es una facultad de la mente. En cambio la Consciencia es la capacidad de percibir la realidad trascendiendo el campo de la mente. La conciencia juzga lo que observa y lo ubica dentro de las categorías de “bueno” y “malo”; en cambio la Consciencia percibe sin juzgar.


Las etapas de la Consciencia

En el Universo, la Consciencia está en un proceso constante de expansión. En la Tierra, los únicos seres capaces de Ser Conscientes son los humanos, ya que poseen estructuras cerebrales más complejas que las demás especies. Para entender el proceso de desarrollo de la Consciencia en la Tierra, se puede dividir en tres etapas: Inconsciencia, Preconsciencia y Consciencia.

En la etapa de inconsciencia se encuentran aquellas personas egocéntricas que sólo piensan por su propio bienestar. Ellos no están interesados en solucionar el cambio climático ni se preocupan por el sufrimiento de los demás. Algunas veces son personas impulsivas y carentes de empatía, los cuales consideran que la violencia es la forma legítima de solucionar las diferencias. Aquí se encuentran las personas con pensamientos radicales y marcada agresividad.

En esa misma etapa, pero en un nivel más alto, se ubican las personas religiosas que defienden la moral y constantemente señalan lo que para ellos es el “bien” y el “mal”. Aunque quieren hacer el bien, discriminan a aquellos que piensan diferente o cuyos comportamientos no estén dentro de sus estándares morales. Estos individuos ven el mundo en blanco y negro, es decir que para ellos las personas solamente pueden ser “buenas” o “malas”, desconociendo cualquier matiz entre estos dos extremos. Cuando realizan obras de caridad,  lo hacen para calmar sus sentimientos de culpa o asegurar algún tipo de salvación en un cielo espiritual.

En la etapa de preconsciencia las personas se empiezan a interesar por mejorar su autoestima, son más empáticos con el sufrimiento de los demás, se preocupan por el cuidado del medio ambiente y buscan alternativas para mejorar las cosas.

Estas personas tienen una visión sistémica y global del mundo. Están en proceso de pasar de la culpa a la responsabilidad. Aquí se ubican las tradiciones místicas de las grandes religiones, muchos de los movimientos de la Nueva Era y el movimiento del potencial humano de la psicología. Aquellos que están en esta etapa ya no se preocupan tanto por juzgar a los demás sino por mirar dentro de ellos mismos y buscar el cambio.

Finalmente, en la etapa de la Consciencia se ubican aquellos que han despertado a la realidad. Allí están los budas, los iluminados y aquellos que perciben el sentimiento oceánico. En este nivel las fronteras entre el yo y el mundo se diluyen. El individuo se da cuenta de que todo es Uno y la división es un sinsentido.

Advertencia

El conocimiento de las tres etapas no obedece a un interés por catalogar o juzgar a las personas entre los “inferiores” y los “superiores”. Lo más maravilloso de todo esto es que todos los seres humanos son ya la totalidad de la Consciencia. Nadie es mejor ni peor que nadie, la Consciencia es una sola y dentro de ella no existen grados.

Lo que quiere mostrar este esquema de las etapas es el nivel de identificación de los diferentes individuos, ya sea con el ego o con la Consciencia. Pero esto no quiere decir que aquel que esté profundamente identificado con el ego sea “menos” que un buda. Ambos son expresiones de la misma Consciencia y todos los seres tienen el mismo potencial de despertar.

A medida que se avanza en la comprensión de la Consciencia, se va perdiendo el hábito de juzgar a otros. Más bien se empieza a mirar a las personas desde otra perspectiva: como budas en potencia. Entonces el mundo ya no se divide entre los “buenos” y los “malos” sino entre los budas que todavía están dormidos y aquellos que ya despertaron o están en proceso de hacerlo.

El Universo todo lo hace perfecto, el hecho de que haya muchos budas dormidos es parte del proceso, es una etapa necesaria. Por ello en vez de juzgarlos, más bien podemos enfocar esa energía en ser más Conscientes cada día, ya que al despertar, arrastramos a la Consciencia a todos los que vienen detrás de nosotros.

Estatua de Buda dormido

 

 

 

 


sábado, 24 de febrero de 2018

De la paranoia a la Pronoia

Por Walter J. Velásquez


En un sentido más profundo, la vida es una proyección de tus pensamientos y emociones. Algunos han entendido esto e intentan, sin éxito, cambiar las condiciones externas de sus vidas por medio de afirmaciones positivas. El tema no es tan sencillo, puede que repitas muchas afirmaciones positivas desde la mente, pero la sala de proyección de la vida se encuentra en un nivel más profundo: el inconsciente.

Para transformar tu vida no es suficiente con tratar de cambiar los pensamientos “negativos” por pensamientos “positivos”. En realidad necesitas cambiar la actitud general hacía la vida. La actitud se compone de tres elementos: creencias, sentimientos y comportamientos. Les daré un ejemplo. Un amigo mío realiza muchas afirmaciones positivas buscando cambios en su mundo.  Sin embargo, su actitud ante la vida es negativa. Tiene la creencia de que el mundo es malo y está controlado por seres que quieren destruirnos, sus sentimientos hacía los demás suelen ser hostiles y su comportamiento es conflictivo en los lugares donde ha trabajado. ¿Importa cuántas afirmaciones positivas realice a diario? Por supuesto que no.

Cuando tenemos una actitud negativa ante la vida, sufrimos de algún nivel de paranoia. La paranoia es un trastorno que nos hace creer que los demás están en nuestra contra. Entonces dedicas mucho tiempo a pensar en conspiraciones planetarias y siempre crees que tus vecinos o compañeros de trabajo traen algo contra ti. Ahora, si creemos que la vida es una proyección de nuestras actitudes, entonces la actitud paranoica traerá una vida marcada por muchas dificultades en todos los niveles posibles.

Pero existe otra actitud más propicia: La pronoia. Esta es lo contrario de la paranoia, es la creencia de que el Universo está de tu parte. La pronoia llevada al extremo también puede ser perjudicial, ya que hará de ti una persona ingenua y fácil de engañar. Pero una pronoia equilibrada, es un tipo de actitud transformadora. 

La pronoia no es un pensamiento, es una actitud. Se basa en la creencia de que eres digno de ser feliz y que la vida conspira a tu favor para que vivas en esa felicidad. La raíz de la pronoia es una confianza profunda en el Universo, lo cual te lleva a tener sentimientos constructivos hacía la vida y comportamientos acordes a esto.

Desarrollar la pronoia requiere empezar por ser agradecido con la vida en todo momento. Y va más allá: agradecer incluso las crisis y entenderlas como oportunidades para crecer y aprender nuevas y valiosas lecciones. Entonces la vida ya no se dividirá en momentos “buenos” y “malos” porque entenderás que todos los sucesos son buenos en el sentido de que son las experiencias exactas que necesitas para tu aprendizaje y crecimiento. Al comprender esto, de repente dejas de quejarte y de buscar culpables de lo que te sucede, y empiezas a preguntarte para qué ha llegado esta crisis a tu vida, qué es lo que necesitas aprender, de qué peligro desconocido te está protegiendo la vida por medio de este obstáculo.

Cultivar la actitud de la pronoia te permite experimentar cómo el Universo te ama profundamente. De repente te conviertes en un imán que atrae aquello que te beneficia. Entonces ocurren coincidencias en tu vida que te conectan con las personas o las oportunidades que necesitabas. La vida deja de ser una lucha y se convierte en un bello y armonioso baile donde cada paso se sincroniza con el siguiente para llevarte cada vez más arriba en la espiral de la Autorrealización.


Si tienes una actitud paranoide hacía la vida empieza por observar tus pensamientos y emociones sabiendo que no son reales, de este modo empezarán a perder fuerza. Enfócate en ver las oportunidades y mantén una actitud de curiosidad que te permita descubrir cómo el Universo conspira para tu Despertar y felicidad. Por encima de todo: confía profundamente en el hecho irreversible de que LA VIDA SIEMPRE QUIERE LO MEJOR PARA TI.

viernes, 12 de junio de 2015

Experimentando la Consciencia

Un ejercicio para darte cuenta de tu verdadera naturaleza

Por Walter Velásquez



Creer Vs. Observar
Para la mente, acostumbrada a los conceptos, es más fácil creer en lo que diga un gurú, un maestro o un profeta. Creer es fácil, porque no requiere de mucho esfuerzo ni necesita de discernimiento.

Por otro lado, la autoobservación requiere que nos convirtamos en investigadores de nuestro propio Universo. Pero esto no resulta cómodo para muchos porque requiere esfuerzo y constancia. Es más fácil repetir rituales prefabricados o entonar un mantra durante horas.

Observarnos a nosotros mismos no resulta tan fácil como suena, ya que solemos estar identificados con nuestros pensamientos y emociones. Creer que somos la mente es la mayor trampa de la mente misma. Observar la mente, significa tomar consciencia de los pensamientos sin emitir juicios o evaluaciones al contenido de estos.

La mente no puede observarse a sí misma. Puede que lo intente, pero la descubriéremos en su trampa porque esta siempre juzga cada pensamiento o emoción como “bueno” o “malo”. En cambio, la observación sin juicio procede de “algo” que está más allá de la mente. Ese “algo” ha sido llamado de muchas maneras a lo largo de la historia: “Atman”, “Presencia”, “Ser” y “Consciencia” son algunos de estos nombres. Lo importante es entender que ese “algo” que observa a la mente y al ego sin juzgar, no es “alguien”, es decir, no es el yo. Este observador carece de centro psicológico, es Consciencia Pura.

Cuando observamos la respiración o nos damos cuenta de que estamos caminando, es la Consciencia Pura entrando en acción. Practiquemos esto cada vez que lo recordemos, convirtámoslo en una práctica cotidiana, para experimentar sus efectos en nuestra manera de percibir el mundo.

La sutil corriente de energía
Si observamos al ego, podremos entender que este no tiene realidad como un “yo” separado. Lo que llamamos ego (o personalidad), es la suma de pensamientos, emociones y reacciones que ocurren a diario en nuestro organismo mente-cuerpo. Pero todos esos pensamientos, emociones y reacciones no surgen de un “yo” que decide conscientemente expresarlos. No, simplemente son reflejos condicionados, respuestas automáticas que se generan a partir de la programación que hemos recibido en nuestros genes y en nuestras experiencias a lo largo de la vida. Si alguien le teme a los ratones o ama las flores, cuando grita o se estremece al percibir cualquiera de estos estímulos, no lo hace porque así lo decida; simplemente es un reflejo automático que surge de la mente y su condicionamiento previo.

Para que estos reflejos condicionados dejen de controlarnos es necesario observarlos diariamente. Pero, mientras estemos identificados con la mente esto va a ser muy difícil. Por ello quiero invitarte a llevar a cabo un experimento que podría llevar tu nivel de identificación a un grado superior.

Hazlo en este momento: enfócate en la respiración al tiempo que sientes el cuerpo desde adentro… Hazlo por un minuto… ahora siente la sutil corriente de energía que recorre el cuerpo[1]. Si puedes sentir esta sutil corriente de energía, enfócate en ella y déjate llevar. Esta es una puerta de entrada a la Consciencia Pura. Hazlo mientras estas en reposo y cuando te acuestes a dormir. Esto afectará seriamente tu sentido de identidad porque en algún momento sabrás que eres la Consciencia y que no estás limitado(a) únicamente a tu cuerpo.

Esa corriente de energía que se siente al hacer este experimento es la Vida misma que anima tus células, es el sustrato del Universo, el cual no es afectado no nada de lo que ocurre en tu vida. En vez de identificarte con la mente que es cambiante e inestable, puedes identificarte con esta corriente de energía en cualquier momento del día. Ella siempre está allí, nunca cambia y no puede ser afectada por palabras o situaciones. Y como podrás descubrir, es una sensación de dicha constante.

La clave está en nunca forzar la experiencia ni utilizar la imaginación para experimentar la corriente de energía. Simplemente enfócate en la respiración, al tiempo que sientes el cuerpo desde adentro, y lo demás se dará por añadidura. La corriente de energía siempre está allí, no la estás creando, simplemente estás tomando consciencia de la Consciencia. Mientras más veces en el día hagas esto, mayor será la identificación con la Fuente. Estando en ese estado puedes observar los pensamientos y darte cuenta de su naturaleza ilusoria. Esto no se trata de creer, si no de experimentar. Allí radica la gran diferencia.



[1] Si a pesar de hacer el ejercicio, no sientes la corriente de energía, no te preocupes ni trates de forzarlo. Sigue practicando la respiración consciente sin esperar nada y deja que esta experiencia devenga de forma natural en el momento que debe llegar.