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jueves, 22 de abril de 2021

El Poder del orgasmo

Por Walter J Velásquez 

Las religiones se fundamentan en creencias, es decir que funcionan a nivel de la mente. La mayoría de ellas no quieren que llegues al orgasmo porque en ese momento se produce un instante de no-mente donde únicamente experimentas el Presente. Es por eso que han creado toda esa historia de pecado y vergüenza alrededor del sexo, enseñando que su único fin es la reproducción.

Si una mujer se siente pecadora o inadecuada no podrá soltarse lo suficiente como para alcanzar el orgasmo. La mujer necesita liberarse de las cadenas de la culpa impuestas por la religión y explorar su propio cuerpo para encontrar la forma de alcanzar la plenitud sexual. Las religiones quieren relegar a las mujeres a un segundo plano para impedir que ejerzan su liderazgo en el mundo. La revolución de la mujer debe empezar por reclamar su derecho a sentir placer durante la relación.

Si el hombre se siente pecador o culpable durante la relación sexual, sólo experimentará un poco de placer al momento de la eyaculación, pero no podrá sentir orgasmos. En cambio, cuando el sexo se realiza de manera consciente el hombre puede experimentar orgasmos antes de la eyaculación, e incluso sin necesidad de llegar a ella.

Las religiones y los gobiernos quieren controlar a las personas. Uno de los métodos más eficaces para controlar a la gente es interviniendo en su sexualidad. Es por eso que han creado el celibato, la monogamia y los matrimonios arreglados. Todo esto asegura el control sobre las mentes de los individuos. Así mismo los regímenes ateos como lo son China o Rusia ejercen un gran control sobre la sexualidad de sus ciudadanos, porque saben que así pueden controlar su comportamiento.

La sexualidad es una energía que actúa como una olla exprés: cuando se reprime, tarde o temprano termina estallando. Esa explosión de energía sexual reprimida es lo que vemos actualmente en la forma de violaciones y abuso de niños, pornografía y música con letras sexuadas. Si desde niños las personas vieran la sexualidad como algo natural, no existiría nada de eso. Es al enseñar que el sexo es “pecado” que esa energía se reprime para luego emerger de forma distorsionada.

La hipersexualidad o adicción al sexo se da cuando la persona no vive plenamente su vida sexual. En su inconsciente el individuo ha guardado la información de que el sexo es pecado, pero se rebela contra su propia moral desarrollando una conducta inmoral. Este conflicto interior entre lo moral y lo inmoral hace que la persona busque el sexo, pero no lo disfrute de manera plena. Al no disfrutarlo totalmente, desarrolla un comportamiento compulsivo donde cada vez necesita más y más. Por compulsivo me refiero a una conducta persistente que afecta de manera dañina la salud, el trabajo y las relaciones.

Cuando el individuo se libera de toda idea de “pecado” y entiende que el sexo es un impulso natural, se puede soltar durante la relación. Soltarse implica tomar consciencia de las sensaciones que experimenta en su cuerpo y sentir profundamente cada caricia, cada beso, sentir el roce de la piel del otro. El sexo no es un buen momento para pensar, sino para sentir y dejarse llevar por las sensaciones. Esto permite experimentar un disfrute más pleno. Esa sensación de plenitud es semejante a la de saciedad. Cuando la persona se siente saciada no necesita caer en la repetición compulsiva. Para lograr esto hay que elevarse por encima de los opuestos de la moralidad y la inmoralidad, llegando a un estado amoral. El amoral es aquel que trasciende los conceptos dualísticos del “bien” y el “mal” relativos. Es allí cuando se puede vivir una sexualidad saludable.

La sexualidad saludable es aquella que está libre de culpa, de miedo y del impulso compulsivo. Una sexualidad saludable puede incluir muchas y variadas formas de practicarla. La clave es que lo que se haga cuente con el consentimiento de las partes involucradas. Cabe advertir que en el caso de niños o personas con discapacidad mental, aunque haya un aparente consentimiento, este no debe ser tenido en cuenta debido a que su edad mental no les permite tomar decisiones informadas. La sexualidad saludable no incluye la realización de actividades que pongan en riesgo la salud y la integridad personal de los involucrados. Esto implica los cuidados que hay que tener frente a las enfermedades de transmisión sexual.

Una sexualidad saludable es una sexualidad Consciente. En ese punto el coito deja de ser un mero acto mecánico realizado para obtener una gratificación temporal, y se convierte en una puerta para entrar en el Aquí y el Ahora. En el momento del orgasmo no existe pasado ni futuro, únicamente presente. El orgasmo es una fuerza poderosa que sacude el cuerpo liberándolo de las garras del tiempo y de los límites del “yo”. Es ahí cuando se puede experimentar la Consciencia Cósmica.

 

 

lunes, 23 de marzo de 2015

La olla exprés de la sexualidad reprimida

¿Cuál es el escándalo con la película “50 sombras de Grey”? Las parafilias (gustos sexuales exóticos) solamente pueden surgir en una sociedad reprimida. Si el sexo fuera visto como algo natural desde que somos niños, no habría perversiones sexuales. Pero es la religión y la sociedad, que nos hacen ver el sexo como algo pecaminoso, las que promueven que las personas repriman sus instintos naturales. Toda esa energía reprimida en el inconsciente explota en algún momento en las formas más extremas. Es una ley natural, si pones agua en una olla exprés, y no dejas que el vapor salga por ninguna parte, esta olla explotará.

De hecho, es en las sociedades más religiosas donde existen las peores aberraciones sexuales. En la India, violan y asesinan a las mujeres. En Occidente violan a los niños. Ambas culturas, Oriente y Occidente, promueven la represión sexual de una forma totalmente anti-natural.

En cambio, en las culturas indígenas donde el sexo es visto como algo natural desde la niñez, no hay violaciones ni aberraciones sexuales. Pero cuando estas culturas son evangelizadas, es donde empieza a verse el sexo como algo malo y aparecen los violadores en serie y toda clase de perversiones. Sólo cuando lo natural sea visto como natural, nuestra sociedad podrá sanarse del temor al sexo y podrá vivirlo de una forma espontánea y desprovista de toda clase de tabú.

“50 Sombras de Grey” es solamente una manera por medio de la cual el inconsciente colectivo libera toda la represión acumulada. Por ello ha causado tanto escando y sigue prohibiéndose en muchos países. Si no existiera la represión sexual, el mundo no necesitaría de esta clase de películas ni mucho menos de la pornografía o de ritmos musicales como el reggaetón. Mientras haya represión, el inconsciente colectivo seguirá buscando maneras para liberar la carga acumulada y los puritanos hipócritas de la religión seguirán armando escándalos. 

lunes, 17 de febrero de 2014

El pinta calzones

Atracción y rechazo

Pintura de Miguel Ángel, retocada por el "Pinta calzones"
Daniel da Volterra, mejor conocido como el “pinta calzones” (Braghettone), tuvo la tarea de pintar “paños de pureza” sobre los desnudos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Cuando Miguel Ángel Buonarroti terminó su obra, se armó un escándalo en Europa por las figuras de hombres y mujeres desnudos que este artista pintó en el mismo epicentro de la religión cristiana. Muchos obispos alegaron que su obra correspondía más a un prostíbulo que a una capilla. Así que allí entró en acción nuestro amigo, el “pinta calzones”.

Este capítulo de la historia que puede parecer jocoso hoy en día, nos deja ver el repudio de la religión por la desnudez y la sexualidad. Desde niños se nos prohíbe “tocar” nuestras partes íntimas y se nos dice que el “fuego del infierno” nos alcanzará si decidimos jugar con ellas.

Pero esta historia empieza mucho antes con Augustinus Aurelius, mejor conocido como San Agustín de Hipona (354-430 D.C.). Antes de ser un santo, Agustín se dedicó a la filosofía y a los diversos placeres del mundo –como el sexo y el vino. Su madre, devota católica, vivía angustiada por la suerte de su hijo y oraba por su conversión. Agustín era lo que podíamos llamar un hedonista, persona que vive para el goce de los sentidos.

Después de su conversión, Agustín se convierte en el más grande expositor de la doctrina anti-sexo de la iglesia católica, caracterizada por el horror a la carne. ¿Era San Agustín un hedonista reprimido? Esto tiene mucho sentido ya que muchas veces terminamos odiando lo que llevamos por dentro. Puede que Agustín haya aprendido a controlar el sexo al punto de volverse célibe, pero su odio a la sexualidad demuestra que nunca la trascendió sino que esta siguió mortificándolo desde su inconsciente. Para defenderse de sus propios deseos se convirtió en el adalid de la castidad. Otros mucho más extremistas, como Orígenes de Alejandría, optaron por la castración para evitar definitivamente la posibilidad de ser tentados por la carne. La sexualidad reprimida dentro del catolicismo es el principal combustible del abuso sexual a menores en el seno de la iglesia. Cuando reprimimos algo en realidad le estamos dando poder.

Creo que si el sexo fuera maligno el Universo no nos hubiera dotado de órganos sexuales cargados de terminaciones nerviosas que tienen como finalidad potenciar el disfrute del mismo. Pero la doctrina anti-sexo ha hecho de la sexualidad un tabú tal, que la desnudez termina siendo duramente castigada. ¿Nacemos rechazando la desnudez? ¿O eso forma parte de la programación cultural y religiosa que impregna nuestra mente desde pequeños?

Alguna vez alguien me escribió diciendo que la desnudes era algo muy malo, y eso quedaba demostrado indirectamente en el hecho de que en las apariciones de ángeles y “maestros ascendidos” estos siempre aparecían con ropa. La pregunta es ¿aparecen realmente los ángeles y los maestros? ¿O son símbolos creados por nuestro Ser para comunicarnos un mensaje interior? ¿Su vestimenta y apariencia son reales? ¿O es una proyección de nuestras propias expectativas y tabús?

Ahora, no promuevo la desnudez como la forma más cómoda de andar por la calle. De hecho la ropa es una magnifica protección contra el calor o el frio. Tampoco creo que tener sexo como cabritos con todo el que podamos nos ayude en nuestro Despertar, de hecho el sexo como adicción es tan dañino como el anti-sexo como doctrina. Lo que quiero comunicar es que cualquier posición de atracción o rechazo hacía algo viene desde el núcleo mismo del ego. La atracción hace que nos volvamos adictos a algo, y el rechazo hace que odiemos algo. Tanto la adicción al sexo como su rechazo son dos caras de la misma moneda.

Conozco a muchos buscadores espirituales y estoy seguro que a una buena parte de ellos les aterraría, por ejemplo, la idea de ir el fin de semana a una playa nudista. ¿Qué es lo que en verdad les aterra? ¿No será un miedo a sus propias pasiones reprimidas? Ir a una playa nudista no te hace más o menos despierto. Pero cuando existe rechazo violento ante la idea, quiere decir que todavía te controlan tus “demonios” inconscientes. El Ser está por encima de atracción o rechazo, ir o no ir a la playa es igual para Él. Cuando hay atracción (apego a ir) o rechazo (miedo u horror de asistir), entonces estás operando a nivel del ego.

El camino medio sería la Atención Plena, es decir, observar nuestros pensamientos y comportamientos sexuales con total imparcialidad, libres de atracción o rechazo. Cuando observamos algo con la actitud del Testigo que es libre de las etiquetas del bien y el mal, podemos comprender y trascender el contenido de la mente y el ego. Cuando te liberas del miedo al sexo este deja de controlarte en gran parte. Los deseos  seguirán ahí, con mucha menos fuerza que antes, pero entonces podrás observarlos sin sentimientos de culpa y pecado. Cuando aceptamos la sexualidad y tomamos consciencia plena de ella, esta pierde la capacidad de controlar nuestras vidas.

"La creación de Adán", Miguel Ángel.




jueves, 25 de julio de 2013

La Consciencia y el burdel

Hay una diferencia entre la espiritualidad mecánica y la espiritualidad genuina. La espiritualidad mecánica funciona basada en reglas, en normas de conducta. Los budistas tienen 33.000 reglas de conducta, una respuesta mecánica para cada situación. La espiritualidad mecánica es falsa, el individuo dice: “Debo ser humilde, no debo sentir ira, no puedo permitir que la lujuria se apodere de mí”. De esta manera va por la vida reprimiéndose a sí mismo –su lengua, sus órganos sexuales- para poder cuadrar con la imagen de santurrón que él mismo se ha creado. Los que desconocen las luchas internas de la persona pueden pensar que es un santo, pero en el fondo es un reprimido.

La espiritualidad genuina no requiere de reglas, únicamente necesita Consciencia. Si eres consciente de la ira, de la lujuria y el orgullo en el momento que aparecen, estos no pueden florecer en ti. Si eres capaz de observar estas emociones y saber que eres la Consciencia que observa, que no eres el ego sino el Testigo de su funcionamiento, entonces entrarás en un nuevo nivel de la Consciencia, un nivel que trasciende la mente. Pero casi nadie sabe esto, por eso les parece imposible o muy difícil.

Un hombre fue donde un maestro y le dijo que él quería ser discípulo suyo, pero que no estaba dispuesto a renunciar al sexo, él necesitaba tener sexo con mujeres diferentes cada fin de semana y no quería dejar de hacerlo. Pero este Maestro era un Maestro del Ser, así que le dijo: “No tengo reglas para imponerte hijo mío, así que no te preocupes, puedes seguir haciendo lo que haces. Lo único que te pediré es que cada vez que te dirijas al burdel a buscar mujeres para saciar tu deseo, hazte consciente de tu deseo sexual, siente cómo el deseo se mueve en tus órganos sexuales. Observa ese movimiento de la energía y observa los pensamientos que te llegan. Pero hazlo sabiendo que no eres eso, hazlo sabiendo que eres un observador externo, que eres Conciencia pura.”

El hombre estuvo de acuerdo y después de un mes regresó y le dijo lo siguiente al Maestro: “Eres un tramposo, hice exactamente lo que me dijiste y no fui capaz de tener sexo con ninguna mujer. Incluso antes de llegar al burdel sentí que todo eso era una tontería y regresé a casa. Me dijiste que no necesitaba renunciar al sexo con varias mujeres, pero es imposible hacerlo mientras practico la Consciencia”

Esa es la historia de muchos que han practicado la Autoconsciencia, cuando uno está verdaderamente consciente es imposible hacer algo que vaya en contra de la vida que es Dios. Si fallamos en algún momento es porque olvidamos Ser la Consciencia, toda falta proviene de la inconsciencia, de la identificación con la mente y con el ego. 

viernes, 31 de mayo de 2013

Desvelando el tabú del sexo

¿Alguna vez has estado en el baño de una escuela? ¿No te has preguntado por qué las paredes están llenas de dibujos sexuales y frases obscenas? ¿Te has preguntado alguna vez porqué en nuestra sociedad hay tantas personas promiscuas y adictas a la pornografía? El principal responsable de todas estas perversiones sexuales es la religión. Desde que inventaron el “pecado original”, nos han hecho creer que todo el que ha nacido producto de la unión sexual entre un hombre y una mujer es un pecador por naturaleza. Jesús, es considerado el Hijo de Dios porque supuestamente nació sin necesidad alguna de sexo, eso lo diferencia del resto de la humanidad --según la iglesia-- nacida del pecado.

El "pecado original".
¿Por qué la religión aborrece al sexo? Detrás de esto hay un odio y un rechazo a nuestro propio cuerpo, considerando “la carne” como un objeto de pecado. El odio hacía nuestro propio cuerpo se proyecta luego en odio a los demás, sumando los millones de personas reprimidas que hay en el mundo, podemos entender el origen de muchas de las guerras y conflictos violentos que ha habido en la historia.

La razón por la cual digo que la religión es la causante de las perversiones sexuales, es porque el niño que es azotado por tocarse sus genitales o regañado por ver a su hermanita pequeña mientras le cambian los pañales, crecerá con un sentido de culpabilidad hacía la sexualidad. Esa culpa, esa prohibición a mirar y a tocar, reprimirán su deseo sexual en el inconsciente para más tarde despertar como una adicción a la pornografía, al voyerismo o a cualquier otra parafilia.

La religión es la causante de los problemas relacionados con el sexo –incluyendo la frigidez y la impotencia- porque con la catequesis del pecado frente a nuestro propio cuerpo nos enseñan a rechazarnos a nosotros mismos. Los grupos indígenas donde los misioneros no han podido llegar, tienen una actitud natural hacía el sexo y nunca se escucha hablar de violaciones o abuso sexual. Pero en la medida en que la religión ha permeado a los indígenas americanos, los ha pervertido al relacionar el sexo con pecado y fastidio.
Algunos moralistas pueden pensar que estoy promoviendo la promiscuidad y el libertinaje sexual. Todo lo contrario, la promiscuidad y el libertinaje son el resultado de la represión, ya que –como si se tratara de una olla a presión con la válvula obstruida—la energía sexual reprimida busca salida de la forma más violenta y caótica.

Un niño que crezca en  una familia donde tocarse los órganos sexuales no sea motivo de escándalo por parte de sus padres y donde no haya pecado en ver la vagina de la hermana pequeña, será una persona sana, que no necesitará de la pornografía y no será presa de las perversiones sexuales que se observan en el reprimido.  Un niño al cual sus padres le respondan con naturalidad a una pregunta sobre el sexo, será más sano que un niño que vea a sus padres sonrojarse o hablar en voz baja de sexo como si se tratara de un gran crimen. Es el misterio y el secreto lo que hace al sexo más atractivo y lo que genera muchos de los comportamientos compulsivos frente a este.

Las estadísticas dicen que en Colombia, después de que la educación sexual se enseñó en los colegios, el número de embarazos en adolescentes pasó del 14% al 17%. El problema no está en la educación sexual como tal, lo que nunca pudo preverse es la forma en que reaccionarían estos jóvenes que habían crecido en hogares donde los padres evitaban hablar de sexo y donde la religión los había “educado” para reprimir sus deseos. Estos jóvenes eran una olla a presión que aprovechó la educación sexual como una válvula de escape para darse permiso de experimentar con sus deseos reprimidos. Pero eso no pasaría si nuestros niños recibieran una educación adecuada por parte de sus padres.

Los ritmos musicales sensuales que vemos hoy en día como el reggaetón y otros similares, son una forma mediante la cual los jóvenes expresan sus deseos sexuales inconscientes. Si no hubiera represión, los bailes de sexo explícito no serían necesarios. Esto lo evidenciamos porque en las culturas precolombinas donde la sexualidad es vista como algo natural, no se han encontrado este tipo de bailes que incluyen roce de genitales y expresión sexual directa.

La mayoría de las personas espirituales odian el sexo porque fueron reprimidos en su infancia. Muchos adoran a grandes maestros que fueron capaces de controlar su sexualidad. ¿Pero es que acaso el sexo entre un hombre y una mujeres que se aman sinceramente puede contener pecado? El pecado está en nuestra mente, no en el sexo. Conozco a muchos buscadores espirituales frustrados y neuróticos porque tienen el ideal del celibato, pero de cuando en cuando son presas de sus instintos sexuales y “caen”. La cantidad de culpa y desdicha que esto genera en ellos es enorme. Muchos creen que la lujuria o el deseo sexual desenfrenado es producto de los demonios o espíritus inmundos que los atormentan. Lo que no saben es que es su actitud de culpa, prohibición y pecado frente al sexo, lo que potencia el deseo sexual el cual emerge con la misma fuerza con la que ha sido reprimida.

Uno de los errores es considerar el sexo como algo más sagrado que otras actividades. Al considerarlo sagrado, estamos aumentando el tabú, el misterio y el mito alrededor de este, lo cual genera mayor curiosidad y culpa. Es más sano considerar al sexo como algo natural. Ahora, si consideramos al sexo sagrado, al igual que es sagrado comer, bañarse, caminar o respirar, entonces sí estoy de acuerdo con ello. Porque desde ese punto de vista Dios es todo y todo es sagrado. El problema está en considerar que ciertas actividades son más sagradas que otras, en ese momento se genera en la mente el tabú de lo prohibido y lo oculto.

Por otro lado, muchas de las personas que son adictas al sexo o promiscuas, sin saberlo, lo son como una forma inconsciente de rebelarse contra la educación moralista y llena de prohibiciones que recibieron desde niños. Ambos extremos: el odio al sexo y el libertinaje sexual, son formas diferentes de reaccionar a la represión. Ambos sufren porque no pueden encontrar en el sexo la plenitud y felicidad natural.  La persona promiscua, que tiene sexo sin amor, vive en la búsqueda de algo que llene su vacío interior, que no es otra cosa que la sensación de sentirse vacío, incompleto, separado de Dios. Por ello al Despertar y saber que la sensación de vacío y separación es una mentira, el sexo sin amor va perdiendo su “magia” y empezamos a buscar relaciones más íntimas y profundas donde el sexo no es el eje de la relación sino una parte tan importante como conversar con la pareja, cocinar o salir a caminar juntos.

El sexo no debería ser tan importante para las personas como lo es. Pero es la religión la que, al mostrarlo como algo oculto, pecaminoso y sucio, ha sembrado en el hombre y en la mujer una curiosidad innecesaria. Esto, sumado al sentimiento de culpa por experimentar con la sexualidad, hace que esta se convierta en la cosa más importante en la vida de muchas personas.

Para aquellos que han desarrollado adicción compulsiva por el sexo, la mejor forma de superarla es empezando por reconocer que este es algo natural, quitando así los tabúes y el morbo obsceno que se teje alrededor de este. Otro aspecto importante es tomar consciencia de esos deseos desenfrenados cuando aparezcan. Aquí no me refiero al deseo sexual normal, sino a las parafilias o perversiones que han sido creadas como producto de la represión. Cuando estas aparezcan podemos observarlas sin juzgarlas, sentir en qué parte del cuerpo se manifiestan, tomar consciencia de ellas como algo que está ahí, sin calificarlo como malo o bueno, simplemente está ahí. Al hacer esto, sabiendo que somos el Observador externo de aquella película, veremos cómo el deseo distorsionado desaparece, pierde su poder y su control sobre nuestra vida.

Mujer trobilandes.
El famoso antropólogo Bronisław Malinowski cuenta que no existía homosexualismo entre los trobilandeses hasta que los misioneros moralistas, escandalizados, separaron a los niños y a las niñas en dormitorios diferentes. También se observó que en ese grupo étnico no se presentaban casos de violaciones o delitos sexuales, esto ocurría al no haber represión alguna[1]. Pero en nuestra sociedad actual donde el sexo es asociado con culpa y pecado, los delitos sexuales son el pan de cada día. No podemos cambiar a la sociedad, pero si podemos cambiar nosotros y salvar a nuestro hijos de la neurosis adulta.

Como puede ver el lector, responsabilizo a la religión de todos los problemas relacionados con la sexualidad. Repruebo la religión más no la espiritualidad. En mi concepto la espiritualidad es una relación natural con la vida como la que enseñaron Jesús, Buda, krishna y muchos otros. En cambio la religión es un sistema de creencias creado por la mente para controlar la mente de los demás. Muchos asocian la palabra religión con re-ligare (unir de nuevo), pero en realidad no hay nada que la religión necesite unir porque ningún hombre y ninguna mujer han estado nunca separados de Dios. La separación es sólo un pensamiento creado por la mente.

Para cerrar este tema quiero compartirles una reflexión del sacerdote católico Anthony de Mello sobre el efecto de la religión sobre los pueblos:

A pesar de lo que les puedan decir los sabios, los sacerdotes y los teólogos, en el mundo hay personas que no tienen peleas, ni celos, ni conflictos, ni guerras, ni enemistades. ¡Ninguna de esas cosas! En mi país (India) existen, o, me da tristeza decirlo, existieron hasta hace poco. Yo tenía amigos jesuitas que vivían y trabajaban con personas que según me decían eran incapaces de robar o mentir. Una hermana me dijo que cuando ella fue al noreste de la india a trabajar con algunas tribus, la gente no cerraba, o guardaba nada con llave. Nunca se robaban nada y nunca decían mentiras - hasta que llegaron el gobierno y los misioneros.

En la India, conozco a un misionero muy conservador, un jesuita, quien asistió a uno de mis talleres. Mientras yo desarrollaba este tema durante dos días, él sufría. La segunda noche vino a buscarme y me dijo:
- Tony, no puedo explicarte cuanto sufro cuando te escucho.
-¿Por qué, Stan? - le pregunté
Me contestó:
- Tú estás reviviendo una pregunta que he reprimido durante veinticinco años, una horrible pregunta. Una y otra vez me he preguntado: ¿Habré corrompido a mi gente convirtiéndola al cristianismo? Este jesuita no era uno de esos progresistas, era ortodoxo. Devoto, piadoso, conservador. Pero sentía que corrompía a una gente feliz, amable, sencilla, sin malicia, convirtiéndola al cristianismo.[2]



[1] Alexander Sutherland Neill, Summerhill.
[2] Anthony de Mello, “¡Despierta! Charlas sobre la espiritualidad”.




[1] Alexander Sutherland Neill, Summerhill.
[2] Anthony de Mello, “¡Despierta! Charlas sobre la espiritualidad”.