Por
Walter J. Velásquez
Según John O. Stevens, el famoso
terapeuta Fritz Perls apreciaba a alguien cuando “se mostraba abierto y honesto, fuera
honestamente santo u honestamente malvado”. Esto
me recuerda las palabras del Apocalipsis atribuidas a la inspiración de Jesús:
“Conozco tus obras: no
eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio
y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16). Las frases anteriores tienen
que ver con un término muy poderoso: la congruencia. Congruencia significa que
lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago están alineados
perfectamente.
El
mundo de hoy es totalmente incongruente. Las personas están fragmentadas y
dentro de ellas hay diferentes bandos que luchan entre sí. Esto lo observamos
especialmente en las personas religiosas que perviven en una lucha constante
entre lo que piensan y lo que “deberían pensar”, entre lo que sienten y lo que
“deberían sentir”, etc. Este tipo de individuos se debaten entre pensamientos
elevados que no son congruentes con sus pasiones más bajas o entre acciones
caritativas que se realizan de acuerdo al pensamiento religioso, pero que
muchas veces no surgen de lo más sincero de su mundo emocional.
Cualquier acto o palabra, que no esté
alineado con el pensamiento y el sentimiento es algo deshonesto, ya que allí no
puede haber una implicación total de la persona. Como podemos ver, el mundo de
hoy es profundamente deshonesto. La educación que proporcionan las familias y
las iglesias impulsan a las personas a sonreír a pesar de estar enojados o a
llevar a cabo actos bondadosos cuando estos no son realmente sinceros.
Ya lo decían Perls y Juan el
Evangelista, ser honestamente santo (caliente), u honestamente malvado (frio),
es mejor que ser tibio (incongruente). Hay tan pocos santos honestos es el
mundo, y esto sucede porque para ser santo, muchos buscan parecer santos. Lo
cierto es que para Ser, es necesario dejar de querer parecer. Los malvados
honestos también son muy pocos porque casi nadie se atreve a aceptar plenamente
que es malvado. Incluso en los grandes asesinos de la historia como Stalin,
Hitler o Pablo Escobar, existía una creencia –consciente o inconsciente- de que
sus actos estaban justificados por un “ideal superior” que los exoneraba de
cualquier maldad. En realidad ellos se consideraban “buenas personas” que
luchaban por una “causa justa”.
El presente artículo no es una
invitación abierta a la maldad honesta como un estilo de vida permanente. En
realidad es un llamado a un cambio radical del ser humano. Muchos intentan
cambiar reprimiendo sus pensamientos o emociones, lo cual sólo produce un
alivio temporal de los síntomas de su maldad. Pero, para que haya un cambio
profundo es necesario entrar en el centro del problema, de aquello que se
quiere cambiar. Para esto hay que vivirlo de forma plena y total. Arnold R.
Beisser nos habla en su “Teoría
paradójica del cambio” de
que:
“El cambio no tiene lugar merced al
intento coactivo realizado por el individuo para cambiar o por otra persona
para cambiarlo, pero sí tiene lugar cuando aquel invierte tiempo y esfuerzo
para ser lo que es - en entregarse plenamente a su situación actual.”
Lo que nos indica Beisser es la
necesidad de dejar de reprimirnos y empezar a experimentar de manera
consciente, plena y total nuestros impulsos indeseables. Toda emoción rebelde o
desbocada es una parte nuestra que ha sido rechazada. Cuando aceptamos y
acogemos con amor estas emociones podemos integrarlas nuevamente a nuestra
totalidad volviendo a ser completos.
En el proceso de alcanzar esta
integridad es necesario sacar a flote a la ira no expresada o la envidia
reprimida, por ejemplo. Esto asusta a muchos porque piensan que van a vivir de
esa manera por el resto de sus vidas. Pero no es así. Cuando un individuo se
despoja de las máscaras hipócritas y falsas sonrisas que esconden la ira o el
dolor, lo que queda es un “malvado honesto”, que al ser asumido de manera
consciente, se disuelve para dar paso al “santo honesto”, aquel que está en
contacto con su Ser y actúa con total congruencia en todos los aspectos de su
vida.
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